Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 25 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 25, 2010

PALABRAS DE VIDA
Lectura del libro del Eclesiastés (11,9–12,8)
:Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón, de lo que atrae a los ojos; y sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo. Rechaza las penas del corazón y rehuye los dolores del cuerpo: niñez y juventud son efímeras. Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en que dirás: «No les saco gusto.» Antes de que se oscurezca la luz del sol, la luna y las estrellas, y a la lluvia siga el nublado. Ese día temblarán los guardianes de casa y los robustos se encorvarán, las que muelen serán pocas y se pararán, las que miran por las ventanas se ofuscarán, las puertas de la calle se cerrarán y el ruido del molino se apagará, se debilitará el canto de los pájaros, las canciones se irán callando, darán miedo las alturas y rondarán los terrores. Cuando florezca el almendro, y se arrastre la langosta, y no dé gusto la alcaparra, porque el hombre marcha a la morada eterna y el cortejo fúnebre recorre las calles. Antes de que se rompa el hilo de planta, y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cántaro en la fuente, y se raje la polea del pozo, y el polvo vuelva a la tierra que fue, y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio. Vanidad de vanidades, dice Qohelet, todo es vanidad.
HOMILIA

Salmo 89,3-4.5-6.12-13.14.17
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generaciónTú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna.
Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.
Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.
Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,43b-45):
En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacia, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.»Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

HOMILIA

Eclesiastés 11, 9-12, 8: Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud. Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Lucas 9, 43b-45: No le hacían preguntas.

Jesús nos demuestra qué es lo que está esperando de sus discípulos. Primero tener un actitud profética, es decir que sus discípulos vayan en contra de los que aprimen y marginan a los pueblos, es decir, la persecución, escarmentar a las personas que se han inclinado por la defensa de los derechos del ser humano Junto a esto, segundo, si esto no da resultado, el darles muerte “a los enemigos del sistema”. Jesús sabía que si opción radical por los marginados y oprimidos lo llevará a la muer-te, porque conocía la suerte de muchos que denunciaron las injusticias y marginacio-nes. La muerte de Jesús es ej acto de amor más grande que pudo acontecer en la historia de la humanidad. No fue una muerte cualquiera, sino que las consecuencias de su muerte fue, y es y seguirá siendo un acto salvador definitivo. No fue una muerte cualquiera, sino que la trascendencia de su muerte fue, es y seguirá siendo la salva-ción de toda la humanidad. Por eso Jesús en este evangelio anuncia por segunda vez su pasión: “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres” (44)

Cosa impensable para los discípulos y por eso no logran entender. Preguntémonos: ¿estamos preparados y dispuestos a asumir la cruz como el acto de amor por excelencia? ¿Somos capaces de dar la vida por el mundo?

Por eso el Qohelét se pregunta qué sentido tiene la vida si todo corre tan veloz hacia la vejez y la muerte. Es una de las afirmaciones más célebres (12,2-6), describe con despreocupación y de un modo conmovedor la irrupción de las vejez. La imagen que presenta es un palacio de alto Rango durante un tiempo lleno de vida y de actividad, pero ahora en descomposición de un manera impensable.

También la vejez supone un riesgo, y puede presentarse con un rostro dramático, sobre todo cuando concluye una vida ya vacía, dispersa. Por eso empieza el Qohélet diciendo: “Ten en cuenta a tu Creador en los días de tu juventud”. (12,1) Es un manera de expresar la verdad que la vida es una posibilidad única. Es preciso vivir intensamente, sin aplazamientos. Una vejez que da remate a una vida plena es cuali tivamente diferente de una vejez que se añade a una vida vacía.

Yendo más al fondo, el hombre bíblico –empezando por Qohélet- sabe que no es sólo la vejez lo que constituye una situación de riesgo. Si miras bien, te das cuenta de que toda la vida en esa situación. La vejez está implicada en un problema más general. Una ventana sobnre la vida captada en toda su verdad. La vejez no puede ser aislada. Si se resuelve el problema de la vejez, se resuelve el problema de la vida.

En el evangelio, mientras todos estaban admirados de las cosas que hac[ia, Jesús vuelve a revelar a sus discípulos la cruz que le espera. El contraste es estridente: lo que debe importarle a los discípulos no es la gloria del Maestro, sino que “el Hijo del hombre va a ser entregdo a las manos de los hombres” (44). Esto es lo que debemos comprender, so pena de no entender en absoluto la identidad de Jesús, y la verdad de su revelación. Comprender la cruz significa comprender el lado más luminoso, nuevo e imprevisible del rostro de Dios revelado por Jesús. No está en juego un aspecto particular sino el centro.
Con todo, los discípulos “no entendían” (45ª). La soledad de Jesús es completa. Ni siquiera sus más íntimos están en condiciones de compartir el lao9 más profundo de su circunstancia. Su “novedad” escapa a todos. No entendían, dice Lucas, porque sus palabras estaban cubiertas por un velo que les impidiera captar su sentido (45b). Las comprenderán después, a la luz de los acontecimientos y al recorrer ellos mimos el camino del Maestro. Pero no comprendían tampoco porque tenían miedo de preguntarle sobre ello (45c). Lo que entrevén les produce espanto, El destino del discípulo no puede ser separado del destino de su MaestroÑ eso precisamente eran lo que entendían. Y se quedaron turbados. Nuestra liturgia nos hace orar: “Concédeme, Señor, la verdadera sabiduría.”

ORACION

Te doy gracias, Creador mío, por tu creación, que me habla de ti, de tu belleza, de tu sabiduría. Te doy gracias “porque creaste el universo entero,” estableciste el continuo retronó de las estaciones y sometiste al hombre, formado a tu imagen y semejanza, las maravillas del mundo para que, en nombre tuyo, dominara la creación. Te admiro y te alabo en todas tus criaturas. No me amarga el hecho de que todo pase: te agradezco lo que me das, lo que me ofreces y cómo lo haces, la alegría que me proporciona, la utilidad que me produce. Sólo te pido que nunca me olvido de que todo procede de ti y me conduce a ti. Entonces mi alegría será completa, porque participaré de tu alegría, ahora y siempre. Amén.

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