Salmo 89,3-4.5-6.12-13.14.17
Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.
Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.
Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,43b-45):
HOMILIA
Eclesiastés 11, 9-12, 8: Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud. Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Lucas 9, 43b-45: No le hacían preguntas.
Jesús nos demuestra qué es lo que está esperando de sus discípulos. Primero tener un actitud profética, es decir que sus discípulos vayan en contra de los que aprimen y marginan a los pueblos, es decir, la persecución, escarmentar a las personas que se han inclinado por la defensa de los derechos del ser humano Junto a esto, segundo, si esto no da resultado, el darles muerte “a los enemigos del sistema”. Jesús sabía que si opción radical por los marginados y oprimidos lo llevará a la muer-te, porque conocía la suerte de muchos que denunciaron las injusticias y marginacio-nes. La muerte de Jesús es ej acto de amor más grande que pudo acontecer en la historia de la humanidad. No fue una muerte cualquiera, sino que las consecuencias de su muerte fue, y es y seguirá siendo un acto salvador definitivo. No fue una muerte cualquiera, sino que la trascendencia de su muerte fue, es y seguirá siendo la salva-ción de toda la humanidad. Por eso Jesús en este evangelio anuncia por segunda vez su pasión: “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres” (44)
Cosa impensable para los discípulos y por eso no logran entender. Preguntémonos: ¿estamos preparados y dispuestos a asumir la cruz como el acto de amor por excelencia? ¿Somos capaces de dar la vida por el mundo?
Por eso el Qohelét se pregunta qué sentido tiene la vida si todo corre tan veloz hacia la vejez y la muerte. Es una de las afirmaciones más célebres (12,2-6), describe con despreocupación y de un modo conmovedor la irrupción de las vejez. La imagen que presenta es un palacio de alto Rango durante un tiempo lleno de vida y de actividad, pero ahora en descomposición de un manera impensable.
También la vejez supone un riesgo, y puede presentarse con un rostro dramático, sobre todo cuando concluye una vida ya vacía, dispersa. Por eso empieza el Qohélet diciendo: “Ten en cuenta a tu Creador en los días de tu juventud”. (12,1) Es un manera de expresar la verdad que la vida es una posibilidad única. Es preciso vivir intensamente, sin aplazamientos. Una vejez que da remate a una vida plena es cuali tivamente diferente de una vejez que se añade a una vida vacía.
Yendo más al fondo, el hombre bíblico –empezando por Qohélet- sabe que no es sólo la vejez lo que constituye una situación de riesgo. Si miras bien, te das cuenta de que toda la vida en esa situación. La vejez está implicada en un problema más general. Una ventana sobnre la vida captada en toda su verdad. La vejez no puede ser aislada. Si se resuelve el problema de la vejez, se resuelve el problema de la vida.
En el evangelio, mientras todos estaban admirados de las cosas que hac[ia, Jesús vuelve a revelar a sus discípulos la cruz que le espera. El contraste es estridente: lo que debe importarle a los discípulos no es la gloria del Maestro, sino que “el Hijo del hombre va a ser entregdo a las manos de los hombres” (44). Esto es lo que debemos comprender, so pena de no entender en absoluto la identidad de Jesús, y la verdad de su revelación. Comprender la cruz significa comprender el lado más luminoso, nuevo e imprevisible del rostro de Dios revelado por Jesús. No está en juego un aspecto particular sino el centro.
ORACION
Te doy gracias, Creador mío, por tu creación, que me habla de ti, de tu belleza, de tu sabiduría. Te doy gracias “porque creaste el universo entero,” estableciste el continuo retronó de las estaciones y sometiste al hombre, formado a tu imagen y semejanza, las maravillas del mundo para que, en nombre tuyo, dominara la creación. Te admiro y te alabo en todas tus criaturas. No me amarga el hecho de que todo pase: te agradezco lo que me das, lo que me ofreces y cómo lo haces, la alegría que me proporciona, la utilidad que me produce. Sólo te pido que nunca me olvido de que todo procede de ti y me conduce a ti. Entonces mi alegría será completa, porque participaré de tu alegría, ahora y siempre. Amén.

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