Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15,1-11):
Salmo 117,1-2.16ab-17.28
Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,36-50):
HOMILIA
1Corintos 15, 1-11: Esto es lo que predicamos; esto es lo que hemos creído Salmo: 117: Den gracias al Señor porque es bueno. Lucas 7, 36-50: Porque tiene mucho amor
Jesús sigue en el proyecto para lo cual Dios lo ha enviado al mundo, salvar a los pecadores. Y nos invita a no juzgar el pasado de nadie y a vivir con un corazón lleno de misericordia que nos ayude a amar y perdonar a los demás.
Y nos encontramos con Lucas que nos hace entrar con Jesús y una pecadora, de la pecadora nos dice que está hablando del reconocimiento y arrepentimiento de esta mujer “pecadora” y de ésta nos demuestra el profundo amor que siente por el Señor. Y nos muestra también la oposición del fariseo que lo invitó a comer. Su actitud cerrada a la gracia no le deja ver el acto de amor de este acontecimiento. Lo que hace es juzgar tanto a la mujer como a Jesús “que no se ha dado cuenta “de quien es esta mujer”. Jesús, sí sabe quien es ella. Al final, Jesús perdona a todos los pecadora como la mujer, pero esto ocasiona un gran escándalo: “¿Quién es éste que hasta perdona pecados?” Y no sólo eso sino que le dice “tu fe te ha salvado”, dando a conocer desde la actitud de arrepentimiento que los pecados son perdonados. La pregunta es: “?Será que nuestros esquemas mentales son como los de este fariseo y no logramos visualizar e el amor y la misericordia de Dios en los demás? ¿He experimentado el amor de Dios?
Tal vez es la misma actitud de los corintios en quienes se ha propagado la duda sobre la duda de la resurrección de Cristo, con prejuicios no sólo para la integridad de la fe cristiana, sino también para la unidad de la Iglesia de Corinto. Pablo no puede eludir la cuestión e interviene más o menos así.
El acontecimiento de la resurrección de Jeús es “objeto de testimonio apostólico”: son muchos, y todos ellos dignos de fe, los que vieron el sepulcro vacío y vieron resucitado al Señor. Entre ellos estoy también yo –afirma Pablo-, “por la gracia de Dios soy lo que soy” (10). El acontecimiento de la resurrección de Jesús “ha entrado también en la predicación apostólica.” A partir de ella, los paóstoles no sólo se adhirieron a la novedad de Cristo con todas sus fuerzas, sino que fueron investidos también para su tarea misionera. Si Cristo no hubiera resucitado, nuestra 0predicación sería vana –afirma Pablo- y nosotros habríamos trabajado en vano. El mismo acontecimiento de la resurrección de Jesús “es objeto directo e inmediato de la fe los primeros cristianos:” si Cristo no hubiera resucitado, vana sería también nuestra fe –remacha el apóstol-, y nosotros seríamos las personas más infelices del mundo: infelices porque habríamos vividos engañados y nos sentiríamos decepciona-dos. Está claro, por tanto, que al servicio de este acontecimiento fundador del cristianismo está no sólo la tradición apostólica, sino también el testimonio de la comunidad creyente y de todo auténtico discípulo de Jesús.
En el texto del evangelio de hoy se entrelazan dos temas de fondo: el primero asume un tono polémico y contempla a Jesús contrapuesto a un fariseo; el segundo, en cambio, tiene un tono de propuesta y está ligado a la relación entre Jesús y la mujer pecadora. Considerando atentamente el relato advertimos, no obstante, que los temas se entrelazan y se iluminan recíprocamente.
“Al fariseo” le quiere hacer comprender Jesús que la persona no ha ser considerada sólo a partir del exterior, ni siquiera sólo a partir de su experiencia anterior. Una mujer, aunque sea notoriamente pecadora, siempre es capaz de levantarse y emprender un camino nuevo. Lo único que necesita encontrar, no hermanos hipercríticos y también quizás envidiosos, sino por lo menos un hermano que la com prenda y la redima. Y él, Jesús, ha venido para eso.
“A la mujer” le quiere hacer comprender Jesús que la vida vale, no por el cúmulo de las experiencias realizadas, por lo general negativas, sino por el encuentro central y decisivo con una persona capaz no sólo de comprender y perdonar, sino también de rescatar y renovar. Y, él, Jesús ha venido para eso.
“A nosotros”, destinatarios del evangelio de Jesús, nos quiere hacder comprender que es la fe lo que nos salva: la fe en él, verdadero hombre, amigos de los hombres, especialmente de los pecadores y dee las prostitutas, el Dios capaz de perdonar todos nuestros pecados, el Dios que, que con sau Palabra consoladora y eficaz, nos dice también a cada uno de nosotros: “tu fe te ha salvado, vete en paz.” (50).
ORACION
A la pecadora le perdonaste mucho sólo porque hizo palanca sobre tu amor, enseñándonos la lógica del perdón, que valora a cada persona por el don que es. Donar, pero sobre todo perdonar, es una cosa bella. Oh Señor, “tu misericordia es eterna."
A la pecadora le entregaste el don de tu paz porque creyó en ti con fe,enseñándonos la lógica del abandono que ofrece compasión a quien se confía. Abandonar lo superfluo, pero sobre todo abandonarse a ti, es una cosa bella. Oh Señor, “tu misericordia es eterna.”

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