Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 16 de septiembre de 2010

TIEMPO ORDINARIO SEPTIEMBRE 16, 2010

PALABRA DE VIDA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15,1-11):
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Salmo 117,1-2.16ab-17.28
Dad gracias al Señor porque es buenoDad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. «La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.» No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.
Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.


Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,36-50):
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.» Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.» Él respondió: «Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»

HOMILIA

1Corintos 15, 1-11: Esto es lo que predicamos; esto es lo que hemos creído Salmo: 117: Den gracias al Señor porque es bueno. Lucas 7, 36-50: Porque tiene mucho amor

Jesús sigue en el proyecto para lo cual Dios lo ha enviado al mundo, salvar a los pecadores. Y nos invita a no juzgar el pasado de nadie y a vivir con un corazón lleno de misericordia que nos ayude a amar y perdonar a los demás.

Y nos encontramos con Lucas que nos hace entrar con Jesús y una pecadora, de la pecadora nos dice que está hablando del reconocimiento y arrepentimiento de esta mujer “pecadora” y de ésta nos demuestra el profundo amor que siente por el Señor. Y nos muestra también la oposición del fariseo que lo invitó a comer. Su actitud cerrada a la gracia no le deja ver el acto de amor de este acontecimiento. Lo que hace es juzgar tanto a la mujer como a Jesús “que no se ha dado cuenta “de quien es esta mujer”. Jesús, sí sabe quien es ella. Al final, Jesús perdona a todos los pecadora como la mujer, pero esto ocasiona un gran escándalo: “¿Quién es éste que hasta perdona pecados?” Y no sólo eso sino que le dice “tu fe te ha salvado”, dando a conocer desde la actitud de arrepentimiento que los pecados son perdonados. La pregunta es: “?Será que nuestros esquemas mentales son como los de este fariseo y no logramos visualizar e el amor y la misericordia de Dios en los demás? ¿He experimentado el amor de Dios?

Tal vez es la misma actitud de los corintios en quienes se ha propagado la duda sobre la duda de la resurrección de Cristo, con prejuicios no sólo para la integridad de la fe cristiana, sino también para la unidad de la Iglesia de Corinto. Pablo no puede eludir la cuestión e interviene más o menos así.

El acontecimiento de la resurrección de Jeús es “objeto de testimonio apostólico”: son muchos, y todos ellos dignos de fe, los que vieron el sepulcro vacío y vieron resucitado al Señor. Entre ellos estoy también yo –afirma Pablo-, “por la gracia de Dios soy lo que soy” (10). El acontecimiento de la resurrección de Jesús “ha entrado también en la predicación apostólica.” A partir de ella, los paóstoles no sólo se adhirieron a la novedad de Cristo con todas sus fuerzas, sino que fueron investidos también para su tarea misionera. Si Cristo no hubiera resucitado, nuestra 0predicación sería vana –afirma Pablo- y nosotros habríamos trabajado en vano. El mismo acontecimiento de la resurrección de Jesús “es objeto directo e inmediato de la fe los primeros cristianos:” si Cristo no hubiera resucitado, vana sería también nuestra fe –remacha el apóstol-, y nosotros seríamos las personas más infelices del mundo: infelices porque habríamos vividos engañados y nos sentiríamos decepciona-dos. Está claro, por tanto, que al servicio de este acontecimiento fundador del cristianismo está no sólo la tradición apostólica, sino también el testimonio de la comunidad creyente y de todo auténtico discípulo de Jesús.

En el texto del evangelio de hoy se entrelazan dos temas de fondo: el primero asume un tono polémico y contempla a Jesús contrapuesto a un fariseo; el segundo, en cambio, tiene un tono de propuesta y está ligado a la relación entre Jesús y la mujer pecadora. Considerando atentamente el relato advertimos, no obstante, que los temas se entrelazan y se iluminan recíprocamente.

“Al fariseo” le quiere hacer comprender Jesús que la persona no ha ser considerada sólo a partir del exterior, ni siquiera sólo a partir de su experiencia anterior. Una mujer, aunque sea notoriamente pecadora, siempre es capaz de levantarse y emprender un camino nuevo. Lo único que necesita encontrar, no hermanos hipercríticos y también quizás envidiosos, sino por lo menos un hermano que la com prenda y la redima. Y él, Jesús, ha venido para eso.

“A la mujer” le quiere hacer comprender Jesús que la vida vale, no por el cúmulo de las experiencias realizadas, por lo general negativas, sino por el encuentro central y decisivo con una persona capaz no sólo de comprender y perdonar, sino también de rescatar y renovar. Y, él, Jesús ha venido para eso.

“A nosotros”, destinatarios del evangelio de Jesús, nos quiere hacder comprender que es la fe lo que nos salva: la fe en él, verdadero hombre, amigos de los hombres, especialmente de los pecadores y dee las prostitutas, el Dios capaz de perdonar todos nuestros pecados, el Dios que, que con sau Palabra consoladora y eficaz, nos dice también a cada uno de nosotros: “tu fe te ha salvado, vete en paz.” (50).

ORACION
Oh Señor, la pecadora se convierte para todos nosotros en una llamada discreta, aunque vigorosa y provocadora, al amor incondicionado. Le perdonaste sus pecados de manera gratuita, enseñándonos la lógica del perdón, que da sin razones y sin intereses. Dar, pero sobre todo “darse”, es una cosa bella. On Señor, “tu misericordia es eterna.”

A la pecadora le perdonaste mucho sólo porque hizo palanca sobre tu amor, enseñándonos la lógica del perdón, que valora a cada persona por el don que es. Donar, pero sobre todo perdonar, es una cosa bella. Oh Señor, “tu misericordia es eterna."

A la pecadora le entregaste el don de tu paz porque creyó en ti con fe,enseñándonos la lógica del abandono que ofrece compasión a quien se confía. Abandonar lo superfluo, pero sobre todo abandonarse a ti, es una cosa bella. Oh Señor, “tu misericordia es eterna.”

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