Salmo 112,1-2.3-4.5-6
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,15-20):
Ezequiel 9, 1-7; 10, 18-22: La Gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos Salmo 112: La gloria del Señor se eleva sobre el cielo. Mateo 18, 15-20: Si te escucha, has ganado un hermano
Las comunidades cristianas no hemos escapado ni esperamos escapar de tema de reconciliación del proceso humano, no escaparon al inevitable conflicto a la existencia de la ofensa como conducta humana. Primero a nivel persona, luego con la presencia de dos testigos y por último con la presencia de toda la comunidad. Y esto supone todo un proceso de aprendizaje en el que las personas crecen y se aceptan con madurez. Y en ese reconocimiento de aprendizaje y se dispone a emprender el camino con madurez y se disponen a emprender el camino de regreso, con arrepentimiento y compromiso para cambiar.
En el bautismo los cristianos no sólo comenzamos un peregrinar en la fe; también asumimos la responsabilidad de “ser” en la Iglesia, de enriquecerla y de dejarnos apasionar por sus causas, una de ellas la construcción de la comunidad fraterna impregnada de amor, de servicio y de compromiso.
El mundo de hoy atravesado por tantos y diversos conflictos le plantea el desafío a la Iglesia de ser germen de reconciliación crítica en el camino de configuración de una sociedad de paz y justicia. Las guerras que comienzan día a día en distintos lugares del planeta, han de ser contrarrestadas con propuestas de diálogo y negociación promovidas por las iglesias, por lo tanto no es profético ni cristiano, ponerse a un lado mientras el mundo se resquebraja, es importante actuar ya.
El profeta Ezequiel aparece como el guía que nos enseña a mirar cuan ingenuos aparecemos en momentos, como los judíos del destierra de Babilonia, quien no conseguían creer que el Señor quisiera aceptar la destrucción de Jerusalén y el templo. Nos abra a una visión, que e libro de Ezequiel se extiende desde el capítulo 8 al 11. Ezequiel es llamado en un primer momento como testigos de los crímenes y de las profanaciones que se cometen en e mismo templo y, a continuación, de la condena a que es sometida la ciudad y de la salvación de os que han permanecido fieles.
El castigo comienza con os siete seres misteriosos que recorrer la ciudad para exterminar a todos los pecadores, comenzando con los ancianos del templo. Las graves culpas, (las infidelidades a Dios, idolatría en el templo, violencia en la ciudad, desconfianza en Dios) atraen el tremendo castigo “Pues yo tampoco los miraré con compasión, ni tendré, piedad, daré a cada uno su merecido”. Cada uno recibe el trato merecido por lo que es y por o que hace (“retribución persona” (capítulo 18). No es Dios quien castiga. Os acontecimientos humanos recaen sobre quienes los provocan, y éstos no obtienen la intervención salvífica de Dios por su propia infidelidad, mandad, desconfianza.
Dios salva a os que han permanecido fieles a la Ley (la Torá) a los que gimen por la maldad, la violencia, a injusticia, la mentira, la infidelidad del mundo; están “marcados” por “una T” (la Tau). La primera letra de la palabra “Torá” y han sido preservados de la desventura. El exterminio es tan completo que los cadáveres contaminan incluso el interior del templo y obligan a la gloria de Dios a retirarse de un lugar que se ha vuelto impuro. En esta escena, Dios se revela como el salvador de los que escuchan a Palabra y la llevan impreso sobre sí mismos el sello de los hombres que escuchan: la “T” de la Torá.
En el evangelio nos encontramos con la gran preocupación en e interior de la comunidad con los hermanos, los pequeños, los pecadores, los colaboradores. A esta pregunta que se presenta hoy es ¿qué actitud debe adoptar una comunidad cristiana ante el pecado y antes e escándalo (18,3-11)?,?qué actitud debe tomar ante el pecador? Tras haber invitado a la misericordia contando a parábola de la oveja extraviada (18,12-14)), Mateo describe el itinerario que conduce al perdón: acercarse al pecador a solas ) obsérvese que a fórmula “contra ti” no se encuentra en el texto original, que habla del pecador como tal: (13), reprenderle delante de dos o tres testigos (16) y, por último, interpelarse en medio de la asamblea (17). A fin de que observe esta pedagogía, Cristo que confiere a sus apóstoles un poder particular (18).
La condena de hermano sólo es posible cuando persevera en el mal y rechaza toda corrección y todo perdón (15-17). En este caso, Dios ratifica lo que llega a cabo su Iglesia. Los versículos 19ss. Indican que el acto de la corrección fraterna debe realizarse en la unión y en la plegaria, que aseguran la presencia de Resucitado. Estas palabras, tomadas en su conjunto, quieren decirnos que todo deben un cima de extrema delicadeza y fraternidad. Está la preocupación por no llamar “pecadores” a los otr4os. Jesús nos hade decir: “si tú hermano comete una falta”. No debemos movernos para condenar, sino para acercar, para sacar del mal, a fin de volver a ganar al hermano para la comunidad y para Dios. Y para él mismo Sólo se persiste en su actitud, deberá tomar nota la comunidad de que se ha “alejado” de ella y no se comporta ya como hermano. En la comunidad cristiana existe una ilimitada capacidad de perdón: los términos “atar y desatar” empleados en el versículo 18 son una hebraísmo e indican el inmenso poder del perdón otorgado por Jesús a su Iglesia.
Los versículos 19ss, aparentemente desligado del contexto con la mención de la oración y de la presencia de Cristo en la comunidad, hacen pensar en una disciplina eclesial ejercida de manera “cultual”, en la oración y con conciencia de la presencia de Jesucristo en su propio desarrollo.
Cada uno de nosotros es consciente de las faltas en la comunidad y no puede permanecer inerte o ausente; no puede decir como Caín “?Soy yo acaso, guarda de mi hermano?” (Génesis 4,9) Debe moverse, hacer algo para acercarse al hermano y ayudarle a enmendarse. Debemos tener presente siempre estas palabras de Jesús: “Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar, recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano.” (Mateo 5, 23-25).
Jesús nos recuerda hoy algo muy simple, que tenemos que pensar siempre: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos:”
Haz que cada uno de nosotros se comprometa a ser un evangelio vivido en el que los alejados, los indiferentes, los pequeños, descubran el amor de Dios y la belleza de la vida cristiana.
Danos el coraje y la humildad para perdonar siembre y para sair al encuentro de los que quisieran alejarse de nosotros, y poner de relieve lo mucho que nos une y no lo poco que nos separa. Danos la vista necesaria para divisar tu rostro en cada persona a la que nos acerquemos y en cada cruz que encontremos. Haz que nuestra parroquia sea realmente una familia, en la que cada uno se esfuerce por comprender, por perdonar; ayudar y compartir; donde la única ley, que nos una y nos haga ser tus verdaderos seguidores, sea el amor recíproco.

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