Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,14-30):
1 Corintios 1, 26-31: Dios ha escogido lo débil del mundo Salmo 32: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Mateo 25, 14-30: Sirviente honrado y cumplidor, has sido fiel en lo poco
Un talento, uno solo, era ya una gran cantidad de dinero que ningún jornalero, pescador o pescador lograría en su vida podía conseguir en su vida. Y Jesús usa la parábola de esas cifras incontables para representar la grandeza del proyecto de Dios que ha sido revelado en él y que los cristianos de ayer y de hoy tendríamos que hacer avanzar.
En la realidad la mayoría de los cristianos no hemos sabido aprovechar lo que tenemos que aumentar para avanzar el proyecto liberador de Jesús. Muchos nos hemos comportado como el tercer servidor, que escondió lo que recibió y lo escondió, es decir, no encontró una alternativa y no trabajó su tesoro. Si ése es nuestro caso, estamos a tiempo de redescubrirnos como personas y discípulos del Señor y poder descubrir una alternativa positiva, de reconocer nuestras capacidades y de ponerlas al servicio de su Reino. Si ese es nuestro caso, estamos a tiempo de redescubrirnos como personas capaces de reconocer nuestras capacidades. Los desafíos son grandes y las tenemos siempre en nuestras manos y reconocer nuestras capacidades para ponerlas al servicio de reino. Los desafíos son grandes y los tenemos todo el tiempo, sólo tenemos que optar con responsabilidad y todo está en nuestras manos como los dos servidores.
Y no tenemos que ir muy lejos, en la misma comunidad de Corinto hay ejemplos elocuentes. Pablo invita ahora a los cristianos a reflexionar con atención sobre su propi situación. La Iglesia de Corinto, salvo algunas excepciones, está constituida por personas de humilde condición social y bajo nivel cultural. Aquí es donde Dios revela su extraño gusto: prefiere a los pobres y a los débiles antes que a los ricos y poderosos. Se trata con una lógica coherente con lo que ha llevado a cabo a través de su Hijo crucificado. Por eso nadie puede presumir ante Dios, nadie puede presentar méritos, títulos de pretensión y privilegio.
El tema de la “jactancia” e resulta entrañable a Pablo. Este no pretende exaltar la nulidad de los hombres ante la totalidad de Dios y menos aún presentar la imagen de Dios que aplasta la dignidad humana, sino que reconoce con sinceridad y gratitud, la grandeza del hombre en virtud de la obra del don de Dios en Cristo.
Pablo prosigue en la misma carta demostrando que en Cristo lo tenemos todo (3,21-23) y que todo lo que poseemos lo hemos recibido de él (4,6). Por consiguiente, no dice que no haya que presumir en sentido absoluto, sino que “el que quiera presumir que lo haga en el Señor” (31) Presumiendo en el Señor se da gloria a Dios.
En el evangelio, con el tema de la vigilancia hemos vuelto a la relación amo-criado. Aquí se pone de relieve el tema de la espera. Los talentos, dispensados a cada uno según su capacidad, nos han sido dados para explotarlos y negociar con ellos. La parábola parece fácil de descifrar, pero sería un error reducir su mensaje a una enseñanza moralista genérica y obvia. En realidad, los talentos no son simplemente las cualidades dadas a cada uno en el momento del nacimiento, sino, sobre todo, lo que Jesús ha venido a traernos: la salvación, el amor del Padre, a vida en abundancia, el Espíritu. Se trata de tesoros que hemos de multiplicar y difundir hasta su vuelta “después de mucho tiempo” (19ª) del que “hemos de dar cuentas” con seriedad. Todo don es al mismo tiempo un compromiso.
Son tres los siervos que entran en escena uno tras otro, dos “buenos y fieles” y otro “malvado”. Con pocas palabras, Jesús cuenta el encuentro del amo con los siervos buenos, que son alabados y premiados con participación en la alegría del señor (20-23). El espacio reservado al siervo malo es más amplio (24-28). La excusa que formula en defensa de su propia conducta revela todo su mundo interior. “Señor, sé que eres hombre duro”: ésa es la imagen que tiene de su señor: “Tuve miedo y escondí tu talento en tierra”. El talento recibido es aún “tu talento”, no un don, sino una deuda. Su actitud frente al señor es la de un esclavo temeroso. “Aquí tienes lo tuyo”: piensa que restitución del talento es un acto de justicia hacia el acreedor; sin embargo, es un insulto, un desprecio del don, un rechazo del amor. Por eso se le impone un duro castigo.
Los otros siervos responderán de otra manera, es como lo dice el Salmo 39,2: “Puse toda mi esperanza en el Señor, él se inclinó hacia mí, escuchó mi grito.”
ORACION
Señor Jesús, tanto tú como tu madre María, ensalzasteis en un “Magnificat” al Padre. Al ver regresar a sus discípulos “llenos de alegría” de la misión, porque habían podido multiplicar los talentos que les habían entregado y habían podido recoger los frutos visibles de su actividad misionera, le dijiste al Padre: Yo te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las han dado a conocer a los sencillos. Sí, Padre, así te ha parecido bien.” Lucas 10,21). Contagiado por la alegría de sus discípulos y movido por el Espíritu, también estabas exultante. Al contemplar la grandeza de Padre y su ternura con sus criaturas pequeñas y humildes, tu corazón se llenaba de alegría y salieron de tu boca aquellas palabras.
Deja, oh Jesús, que nos unamos a tu oración de alabanza, del mismo modo que nos asociaste a ti en la oración del Padre nuestro. Alégrate también por nosotros, tus discípulos de hoy, cuando, por tu gracia, consigamos hacer algo con nuestros talentos y considéranos en el número de los “pequeños” por los que ensalzaste en tu “Magníficat” al Padre.

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