Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 27 de agosto de 2010

TIEMPO ORDINARIO AGOSTO 28, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,17-25):
No me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios. Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.» ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo? Y como, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes. Porque los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo, judíos o griegos, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Salmo 32
La misericordia del Señor llena la tierraAclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos, pero el plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,1-13):
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»
HOMILIA
1 Corintios 1, 17-25: Anunciamos a Cristo crucificado Salmo 32: La misericordia del Señor llena la tierra. Mateo 25, 1-13: ¡Llega el novio, salgan a recibirlo

La inminente llegada del reino de Dios no tiene un día, un lugar y una hora precisa. Sino que de cómo estar preparado para participar en él son explicadas en el evangelio de hoy por dos posibilidades y sus naturales consecuencias: quienes están preparados, no sólo están despiertos, sino que deben estar activos y tener un acumulado fruto de experiencia y también tener compromiso. La ora realidad está representada por la necesidad que se caracteriza por una actitud pasiva y desinteresada, que en cualquier momento es atacada por el sueño y fácilmente se puede quedar por fuera.

En los dos casos encontramos experiencias diferentes de asumir nuestro compromiso bautismal. Cuando lo somos sencillamente de nombre, no estamos preparados; entonces ante cualquier experiencia, podemos cambiar nuestras opciones o traicionar la radicalidad del compromiso cristiano. Otro camino radicalmente distinto es permanecer haciendo el bien con una fe activa, renovada, con compromisos reales, pequeños pero reales, en la que el fuego no se apague a pesar de las tempestades, la oscuridad y el cansancio.

Hoy descubrimos un mundo hostil que se empeña en eliminar la esperanza y someternos a la oscuridad del sinsentido. El fuego de nuestras lámparas tiene que arder, para dar luz y calor a nuestras luchas pequeñas, que se resisten a desaparecer tragadas por las tempestades liberales. Hoy aseguramos que celebramos porque queremos que el fuego de nuestras lámparas no se apaguen jamás porque estamos ahí vigilantes, alertas a la llegada de nuestro Señor.

Por eso Pablo nos anuncia, algo que nos parece una contradicción, que él no ha sido enviado a bautizar, sino a evangelizar (17). A decir esto, no pretende quitarle valor al bautismo, sólo insiste en que su vocación –lo que realiza su identidad en un proyecto divino- es la predicación del evangelio. Bautizar en el nombre de Jesús sin dárselo a conocer al bautizado es un absurdo.

Por otra parte, en el orden cronológico y de la gracia, la p0redicación precede a la fe y, por consiguiente, al bautismo (Romanos 10,14ss). Ahora bien ¿cómo predicar a Jesús? Pablo no lo hace con discurso de elocuente y penetrante sabiduría. Es posible que Pablo escriba aquí bajo la impresión del reciente “fracasado” de su predicación en el areópago de Atenas. La experiencia ha reforzado su convicción: predicar significa anunciar a Cristo crucificado, el único que nos da la salvación. La Palabra de Dios, sobre todo “la Palabra de la cruz”, es en sí mismo viva y eficaz (lee Hebreos 4,12), no tiene necesidad de apoyo humano; es más, es más la sabiduría humana corre el riesgo de oscurecerla, de amortiguar su fuerza cortante.
Pablo citando el Antiguo Testamento y usando su arte retórico, insiste en lo que para él tiene una importancia decisiva. Cristo crucificado es “escándalo” para los judíos, por el hecho de que, por haber sido colgado del madero, era alguien sobre el que recaía la maldición de la Ley (Deuteronomio 21,23), y “locura” para los paganos, en cuanto que a éstos le repugna una divinidad que se hubiera dejado crucificar.. Ahora bien, precisamente a través de la cruz es como Dios manifiesta su poder. Los cristianos procedentes tanto del judaísmo como del paganismo, en cuanto “llamados” por Dios a fe, deben sintonizar con la lógica divina y vivir según la sabiduría de la cruz que según la humana.

En el evangelio Jesús nos ofrece una parábola que pone de relieve los mismos temas tratados en la anterior parábola la del criado que cuida los dones de su señor, son las cinco vírgenes sensatas. Pero nos podemos encontrar con la reacción extremadamente severa y desproporcionada del esposo, la actitud poco caritativa de las vírgenes sensatas. Pero el sentido global es claro, se refiere a la comunidad primitiva en la que vivía Mateo.

Toda la Iglesia espera expectante la venida del Señor, invocando con insistencia “Maraná tha; ven, Señor”. Cuando en el corazón de la noche se eleva el grito: “Ya está ahí el esposo, salid a su encuentro” (6) los cristianos tienen que encontrarse preparados, no con las manos vacías, sino con la lámpara encendida con el aceite de las buenas obras realizadas con amor día tras día.

No basta con estar preparados físicamente, no basta con el simple hecho de ser creyentes para salvarse. “No el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en el cielo”. (Mateo 7,21. Cuando las vírgenes necias llamen a la puerta y griten “Señor, se{or, ábrenos” (11) recibirán a terrible respuesta: “Os aseguro que no os conozco”. (12) El esposo esperado puede revelarse un juez severo para quien tenga su amor apagado.
ORACION

Señor, tú nos has prometido: “Pedid, y recibiréis; buscad y encontraréis, llamad y os abrirán. Porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y al que llama le abren” (Mateo 7,7), ayúdame a buscarte. A buscar no tus milagros, no tus dones, sino a ti, Hijo de Dios, que por amor moriste en la cruz para salvarme a mí y a todos.

Haz que no deje nunca de buscarte, sino que al “buscarte te encuentre; y al encontrarte, y te busque aún más” (San Agustín). Haz que yo sienta también la invitación que dirigiste a tus primeros discípulos que te buscaban: “Venid y ved”. (Juan 1,39).

Y si, por motivos que sólo tú conoces, no quisieras que te encontrara enseguida, o debiera demorarse tu venida, haz que sepa velas pacientemente con las lámparas llenas de aceite. Cuando llames a mi puerta, haz que corra con solicitud a tu encuentro (Apocalipsis 3,20) y, cuando llame a tu puerta, ábreme.

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