Salmo 77,56-57.58-59.61-62
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21–19,1):
Ezequiel 12, 1-12: Emigra a la luz del día, a la vista de todos. Salmo 77: No olviden las acciones de Dios. Mateo 18, 21-29: Perdonar hasta setenta veces siete
Jesús continúa con e perdón como experiencia comunitaria, que nos separa de la experiencia del Antiguo Testamento, donde el perdón no tenía lugar, pues lo central era la retribución del ma. Pero el cristianismo inaugura una experiencia distinta en las relaciones humanas. El amor es el centro del proyecto, que es lo mismo que decir que dios es el centro, sin negar que el mal ronda a los seres humanos, y nos desafía a buscar maneras auténticas del ser de a comunidad. Perdonar sí, pero hacerlo setenta veces siete, quiere decir perdonar siempre, que aunque cualquier conflicto, no hay otro camino, otra salida más que perdonar.
La ausencia del perdón se convierte en crueldad, ese es el caso de la parábola, quien ha sido perdonado, estaría en mejores condiciones para perdonar, sin embargo, las ambiciones humanas tienden hacía la injusticia, y no siempre la lección se aprende. No asimilar los aprendizajes vitales del perdón, significa renunciar a la conversión.
El evangelio invita a vivir el perdón de una manera consecuente, permitiéndole a Dios que haga la obra en una cadena interminable de perdón, con-versión y reparación, romper ese ciclo es otra forma de obstaculizar el accionar salvífico de Dios. Tal vez no lo pensamos por eso el perdón se vuelve la obsesión de la realidad, cuando debería ser la experiencia de nuestras relaciones con los seres humanos. Largo es el camino del perdón que nos invita Jesús, quien nos perdona siempre y no nos deja escapar de nuestra realidad comunitaria que nos enseña a decir siempre “perdona, Señor, la infidelidad de tu pueblo”, porque siempre ha hecho eso con nosotros y nos invita a actuar de la misma manera
. Los versículos 11ssw (tal vez añadidos más tarde) aluden de un modo más claro a los hechos históricos. En tiempo del último asedio a Jerusalén, el rey Sedecías intento una fuga de noche con un grupo de combatientes, pero fue detenido y, tras haber asistido al exterminio de sus hijos, fue cegado, deportado a Babillonia y encarcelado allí (2 Reyes 25,4-7). El rey acabó prisionero y ciego. No se puede bajar más. A este final –repite el profeta- conduce la ceguera religiosa, la presunción frente a los mensajes de Dios, la rebelión contra su señorío. No quedea espacio para ninguna esperanza ni para ninguna astucia humana. Lo que hace el pueblo de Dios ha sido denunciado sin remisión: la maldad conduce a un final vergonzoso.
Jesús nos enfrenta con una nueva realidad, la actitud que debemos adoptar con el hermano que ha pecado (Mateo 18,15-22) y de la oración común (18,19ss) ahora pasa al problema de cómo debe comportarse quien ha sido ofendido personalmente.
El judaísmo conocía ya la obligación del perdón de las ofensas, pero había elaborado una especie de “tarifa” que variaba de una escuela a otra. Se comprende así que Pedro preguntara a Jesús cuál era su tarifa, preocupado por saber si era tan severa como la de la escuea que exigía el perdón del propio hermano hasta siete veces (18,21). Jesús responde a Pedro con una parábola que libera el perdón de toda tarifa, para convertirlo en el signo del perd+on recibido de Dios, dedl Reino que se está instaurando en la tierra: “pues con el Reino de los cielo sucede lo que…! (18,23),
La parábola comienza con as figuras de un rey y de alguien que le debe diez mil talentos: de este modo, subraya la inconmensurable debilidad del pecador frente a Dios. La acentuación de algunos rasgos (presencia del rey, caer a los pies del rey, postrarse, tener piedad… (18,26) evoca la escena de juicio final. .La desproporción entre los diez mil talentos y los cien denarios (semejante a la desproporción que existe entre la viga y la paja: (7,1-5) permite comprender la diferencia radical entre las concepciones humanas y las divinas de la deuda y de la justicia. Por último, el castigo también infligido al siervo (una tortura que durará hasta que haya pagado toda la dueda: 18,34) hace pensar en un suplicio eterno.
La clave de lectura nos proporciona el último versículo: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial sino os perdonáis de corazó a otros” (18,35).n unos
Padre, m[iranos en inmensa bondad, mira a estos siervos de la par[abola que debn una suma enorme a su patrón y ven perdonada toda su deuda. Pero, apenas recibido este favor; cógenos por la garganta a los que no deben casi nada para ordenarles que nos devuelvan todo y de inmediato.
Padre, nos olvidamos enseguida de que tú nos has perdonado todo. Somos deudores con memorias cortas que nos convertimos en un instante acreedores despiadados, que exigen ser pagados hasta el último céntimo, Guárdanos, Padre, de semejante arrogancia y de un olvido como éste, porque tú nos has perdonado. Amén.

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