Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 12 de agosto de 2010

TIEMPO ORDINARIO, AGOSTO 12, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Ezequiel (12,1-12):
Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, vives en la casa rebelde: tienen ojos para ver, y no ven; tienen oídos para oír, y no oyen; pues son casa rebelde. Tú, hijo de Adán, prepara el ajuar del destierro y emigra a la luz del día, a la vista de todos; a la vista de todos, emigra a otro lugar a ver si lo ven; pues son casa rebelde. Saca tu ajuar, como quien va al destierro, a la luz del día, a la vista de todos, y tú sal al atardecer, a la vista de todos, como quien va al destierro. A la vista de todos, abre un boquete en el muro y saca por allí tu ajuar. Cárgate al hombro el hatillo, a la vista de todos, sácalo en la oscuridad; tápate la cara, para no ver la tierra, porque hago de ti una señal para la casa de Israel.»Yo hice lo que me mandó: saqué mi ajuar como quien va al destierro, a la luz del día; al atardecer, abrí un boquete en el muro, lo saqué en la oscuridad, me cargué al hombro el hatillo, a la vista de todos.A la mañana siguiente, me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, la casa rebelde, qué es lo que hacías? Pues respóndeles: "Esto dice el Señor: Este oráculo contra Jerusalén va por el príncipe y por toda la casa de Israel que vive allí." Di: "Soy señal para vosotros; lo que yo he hecho lo tendrán que hacer ellos: irán cautivos al destierro. El príncipe que vive entre ellos se cargará al hombro el hatillo, abrirá un boquete en el muro para sacarlo, lo sacará en la oscuridad y se tapará la cara para que no lo reconozcan."»

Salmo 77,56-57.58-59.61-62
No olvidéis las acciones de DiosTentaron al Dios Altísimo y se rebelaron, negándose a guardar sus preceptos; desertaron y traicionaron como sus padres, fallaron como un arco engañoso.Con sus altozanos lo irritaban, con sus ídolos provocaban sus celos. Dios lo oyó y se indignó, y rechazó totalmente a Israel. Abandonó sus valientes al cautiverio, su orgullo a las manos enemigas; entregó su pueblo a la espada, encolerizado contra su heredad.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21–19,1):
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debla cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»Cuando acabó Jesús estas palabras, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
HOMILIA

Ezequiel 12, 1-12: Emigra a la luz del día, a la vista de todos. Salmo 77: No olviden las acciones de Dios. Mateo 18, 21-29: Perdonar hasta setenta veces siete

Jesús continúa con e perdón como experiencia comunitaria, que nos separa de la experiencia del Antiguo Testamento, donde el perdón no tenía lugar, pues lo central era la retribución del ma. Pero el cristianismo inaugura una experiencia distinta en las relaciones humanas. El amor es el centro del proyecto, que es lo mismo que decir que dios es el centro, sin negar que el mal ronda a los seres humanos, y nos desafía a buscar maneras auténticas del ser de a comunidad. Perdonar sí, pero hacerlo setenta veces siete, quiere decir perdonar siempre, que aunque cualquier conflicto, no hay otro camino, otra salida más que perdonar.

La ausencia del perdón se convierte en crueldad, ese es el caso de la parábola, quien ha sido perdonado, estaría en mejores condiciones para perdonar, sin embargo, las ambiciones humanas tienden hacía la injusticia, y no siempre la lección se aprende. No asimilar los aprendizajes vitales del perdón, significa renunciar a la conversión.

El evangelio invita a vivir el perdón de una manera consecuente, permitiéndole a Dios que haga la obra en una cadena interminable de perdón, con-versión y reparación, romper ese ciclo es otra forma de obstaculizar el accionar salvífico de Dios. Tal vez no lo pensamos por eso el perdón se vuelve la obsesión de la realidad, cuando debería ser la experiencia de nuestras relaciones con los seres humanos. Largo es el camino del perdón que nos invita Jesús, quien nos perdona siempre y no nos deja escapar de nuestra realidad comunitaria que nos enseña a decir siempre “perdona, Señor, la infidelidad de tu pueblo”, porque siempre ha hecho eso con nosotros y nos invita a actuar de la misma manera
.Lo inevitabe llega para e pueblo de Jerusalén y como consecuencia la deportación del pueblo a Mesopotamia. El profeta realiza los gestos “a vista de ellos”, pero éstos “tienen ojos para ver y no ven oídos para oir pero no oyen porque son un pueblo rebelde” (2). En ellos se cumple o que dice el samo de cuantos siguen a los dioses: “los ídolos de los paganos son plata y oro, y han sido fabricados por manos humanas. Tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen orejas y no oyen, no hay vida en ellos. Sean como ellos quienes los fabrican, os que confían en ellos”. (Salmo 135,15-18).

. Los versículos 11ssw (tal vez añadidos más tarde) aluden de un modo más claro a los hechos históricos. En tiempo del último asedio a Jerusalén, el rey Sedecías intento una fuga de noche con un grupo de combatientes, pero fue detenido y, tras haber asistido al exterminio de sus hijos, fue cegado, deportado a Babillonia y encarcelado allí (2 Reyes 25,4-7). El rey acabó prisionero y ciego. No se puede bajar más. A este final –repite el profeta- conduce la ceguera religiosa, la presunción frente a los mensajes de Dios, la rebelión contra su señorío. No quedea espacio para ninguna esperanza ni para ninguna astucia humana. Lo que hace el pueblo de Dios ha sido denunciado sin remisión: la maldad conduce a un final vergonzoso.

Jesús nos enfrenta con una nueva realidad, la actitud que debemos adoptar con el hermano que ha pecado (Mateo 18,15-22) y de la oración común (18,19ss) ahora pasa al problema de cómo debe comportarse quien ha sido ofendido personalmente.

El judaísmo conocía ya la obligación del perdón de las ofensas, pero había elaborado una especie de “tarifa” que variaba de una escuela a otra. Se comprende así que Pedro preguntara a Jesús cuál era su tarifa, preocupado por saber si era tan severa como la de la escuea que exigía el perdón del propio hermano hasta siete veces (18,21). Jesús responde a Pedro con una parábola que libera el perdón de toda tarifa, para convertirlo en el signo del perd+on recibido de Dios, dedl Reino que se está instaurando en la tierra: “pues con el Reino de los cielo sucede lo que…! (18,23),

La parábola comienza con as figuras de un rey y de alguien que le debe diez mil talentos: de este modo, subraya la inconmensurable debilidad del pecador frente a Dios. La acentuación de algunos rasgos (presencia del rey, caer a los pies del rey, postrarse, tener piedad… (18,26) evoca la escena de juicio final. .La desproporción entre los diez mil talentos y los cien denarios (semejante a la desproporción que existe entre la viga y la paja: (7,1-5) permite comprender la diferencia radical entre las concepciones humanas y las divinas de la deuda y de la justicia. Por último, el castigo también infligido al siervo (una tortura que durará hasta que haya pagado toda la dueda: 18,34) hace pensar en un suplicio eterno.

La clave de lectura nos proporciona el último versículo: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial sino os perdonáis de corazó a otros” (18,35).n unos
ORACION

Padre, m[iranos en inmensa bondad, mira a estos siervos de la par[abola que debn una suma enorme a su patrón y ven perdonada toda su deuda. Pero, apenas recibido este favor; cógenos por la garganta a los que no deben casi nada para ordenarles que nos devuelvan todo y de inmediato.
Padre, nos olvidamos enseguida de que tú nos has perdonado todo. Somos deudores con memorias cortas que nos convertimos en un instante acreedores despiadados, que exigen ser pagados hasta el último céntimo, Guárdanos, Padre, de semejante arrogancia y de un olvido como éste, porque tú nos has perdonado. Amén.

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