Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 25 de agosto de 2010

TIEMPO ORDINARIO AGOSTO 25, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (3,6-10.16-18):
En nombre de nuestro Señor Jesucristo, hermanos, os mandamos: no tratéis con los hermanos que llevan una vida ociosa y se apartan de las tradiciones que recibieron de nosotros. Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar. Cuando vivimos con vosotros os lo mandamos: El que no trabaja, que no coma. Que el Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros. La despedida va de mi mano, Pablo; ésta es la contraseña en toda carta; ésta es mi letra. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

Salmo 127,1-2.4-5
Dichosos los que temen al SeñorDichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo,serás dichoso, te irá bien. Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,27-32):
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: "Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas"! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!»
HOMILIA
2 Tesalonicenses 3, 6-10. 16-18: El que no trabaja, que no coma Salmo 127: Dichosos los que temen al Señor. Mateo 23, 27-32: Ustedes por dentro están llenos de hipocresía
Jesús continúa su conflicto con los fariseos, vuelve atacarlos por sus enseñanzas deprimentes en el cumplimiento de la Ley; los llama sepulcros blanqueados, llenos de corrupción y podredumbre. Al mismo tiempo las comunidades cristianas de aquel tiempo sufrían una dura persecución por parte de las instituciones judías, que veían en el cristianismo una amenaza para la legitimidad de sus movimientos de dominio.

Al proclamar que Jesús era el Mesías, el enviado de Dios, estaban relativizando el absolutismo de las grandes instituciones, como el templo, la ley y el culto y el mismo sanedrín. El proyecto de Jesús constituía una nove3dosa alternativa, que ponía en el centro la dignidad de la persona amada y preferida por Dios. Y esa vida estaba por encima de cualquier ley, lo que quería decir que la confrontación entre Jesús y la ley va mucho más allá de un asunto de obediencia, se trata de un asunto ético, en que la discusión central está en e lugar que ocupa la vida humana.
Hoy nos enfrentamos con múltiples instituciones que a nombre de los intereses del pueblo resultan quitando la vida del pueblo. Hoy más que nunca estamos urgidos por las voces proféticas que se levantan y claman por la paz, la justicia y la solidaridad, en un mundo que se ahoga paradójicamentes entre la complejidad de las leyes creadas para eso.

En la primera lectura de hoy nos encontramos con el final de la Carta de Pablo, y llega a su fin con una actitud que nos llama la atención por la actitud de un hermano de la comunidad. Luego nos habla de la ociosidad parasitaria de algunos. No se refiere a herejías doctrinales o casos de inmoralidad grave como en el caso de la comunidad de Corintios (1 Corintios 5 y 6); sin embargo, pero sin embargo el habla de Pablo es dura. Ordena “en nombre de Jesucristo, el Señor” (6) que esas personas sean mantenidas alejadas.. La vida disoluta y la pereza son contagiosas, especial-mente en un ambiente ya turbulenta como el de la Iglesia de Tesalónica. Este castigo debería tener un valor medicinal. Pablo trae una vez más a colación la tradición. Pero no como normas frías, sino como una tradición a la que el testimonio de vida hace más creíble recuerda que ha vivido con lo que ganó con sus propias manos, trabajando duramente para no ser para no ser una carga para nadie (pueden leer 1 Corintios 9,4-6). Tras el ejemplo personal, enuncia el principio de que para comer hay que trabajar Es el testigo quien habla, no el legislador.

La carta está sellada con una afirmación. Emplea la ocasión para desear la paz y la gracia, un bien que está presente desde el comienzo de la carta y es considerado como el don más grande que un hombre puede desear a las personas amadas.

En el evangelio anterior hablamos de los cinco ayees y ahora termina con los dos últimos dirigidos a los maestros de la Ley y a los fariseos hipócritas. El primero acentúa de una manera dramática el tema de la contraposición exterior-interior desarrollada en los versículos precedentes. Jesús compara a los hipócritas con “sepulcros blanqueados” (27)l exterior está cuidado y resulta hermoso de ver, pero o que hay por dentro es descomposición y muerte. En el sermón de la montaña Jesús ya pone en guardia a sus discípulos contra en el Hacer el bien para que lo vean los hombres (Mateo 6,1). Lo que cuenta es lo que somos ante Dios, y no lo que aparentamos ante los hombres. En el último “ay” Jesús denuncia la falsedad de los hipócritas no sólo respecto a Dios y a los hombres, sino también respecto a la historia (29-32). Sus padres rechazaron y mataron a los profetas; ellos creen poder tranquilizar su propia conciencia honrando los sepulcros y construyendo monumentos, piensan que pueden purificar la memoria del pasado olvidando o buscando justificaciones racionales y emotivas, y se sienten inocentes por el hecho de que son capáces de acusar a otros. Se separan de sus padres y casi se avergüenzan de ellos, pero no se dan cuenta de que, si no hacen suya la herencia espiritual de los profetas, siguen matando y su culpa se vuelve más grave que la de sus padres.. No son capaces de usar el salmo de hoy y decir “Escucha, Señor, ten compasión de mí. Señor, ven en mi ayuda.” (Salmo 29,11)

ORACION

Señor Jesús, te pedimos perdón. También nosotros somos sepulcros blanqueados, como tanta maldad por dentro que ni siquiera nosotros mismos tenemos plena conciencia de ella. También nosotros somos responsables del sufrimiento y de la muerte de muchos hermanos, y queremos saldar las cuentras construyendo tumbas y poniendo fáciles remedios.

Envía a nosotros tu Espíritu, “que pondrá de manifiesto el error del mundo.” (Juan 16,8), para que cada uno pueda confesar con sinceridad en tu presencia: “Yo te he matado”. Todos tenemos necesidad de sentirnos alguna vez dignos de condena, para poder comprender lo inmenso que es tu amor por nosotros.

No hay comentarios.: