Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 13 de agosto de 2010

TIEMPO ORDINARIO AGOSTO 13, 2010

PALABRA DE VIDA
Lectura de la profecía de Ezequiel (16,1-15.60.63):
Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, denuncia a Jerusalén sus abominaciones, diciendo: "Así dice el Señor: ¡Jerusalén! Eres cananea de casta y de cuna: tu padre era amorreo y tu madre era hitita. Fue así tu alumbramiento: El día en que naciste, no te cortaron el ombligo, no te bañaron ni frotaron con sal, ni te envolvieron en pañales. Nadie se apiadó de ti haciéndote uno de estos menesteres, por compasión, sino que te arrojaron a campo abierto, asqueados de ti, el día en que naciste. Pasando yo a tu lado, te vi chapoteando en tu propia sangre, y te dije mientras yacías en tu sangre: 'Sigue viviendo y crece como brote campestre.' Creciste y te hiciste moza, llegaste a la sazón; tus senos se afirmaron, y el vello te brotó, pero estabas desnuda y en cueros. Pasando de nuevo a tu lado, te vi en la edad del amor; extendí sobre ti mi manto para cubrir tu desnudez; te comprometí con juramento, hice alianza contigo –oráculo del Señor– y fuiste mía. Te bañé, te limpié la sangre, y te ungí con aceite. Te vestí de bordado, te calcé de marsopa; te ceñí de lino, te revestí de seda. Te engalané con joyas: te puse pulseras en los brazos y un collar al cuello. Te puse un anillo en la nariz, pendientes en las orejas y diadema de lujo en la cabeza. Lucías joyas de oro y plata, y vestidos de lino, seda y bordado; comías flor de harina, miel y aceite; estabas guapísima y prosperaste más que una reina. Cundió entre los pueblos la fama de tu belleza, completa con las galas con que te atavié –oráculo del Señor–. Te sentiste segura de tu belleza y, amparada en tu fama, fornicaste y te prostituiste con el primero que pasaba. Pero yo me acordaré de la alianza que hice contigo cuando eras moza y haré contigo una alianza eterna, para que te acuerdes y te sonrojes y no vuelvas a abrir la boca de vergüenza, cuando yo te perdone todo lo que hiciste."» Oráculo del Señor.

Salmo tomado de Isaías 12,2-3.4bcd.5-6
Ha cesado tu ira y me has consoladoÉl es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Dad gracias al Señor, invocad su nombre, contad a los pueblos sus hazañas, procla-mad que su nombre es excelso. R/.Tañed para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas a toda la tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel. »
Lectura del santo evangelio según san Mateo (19,3-12):
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?»Él les respondió: «¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»Ellos insistieron: «¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?»Él les contestó: «Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Ahora os digo yo que, si uno se divorcia de su mujer –no hablo de impureza– y se casa con otra, comete adulterio.»Los discípulos le replicaron: «Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse.»Pero él les dijo: «No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el reino de los cielos. El que pueda con esto, que lo haga.»
HOMILIA
Ezequiel 12, 1-12: Emigra a la luz del día, a la vista de todos Salmo 77: No olviden las acciones de Dios. Mateo 18, 21-29: Perdonar hasta setenta veces siete
Jesús sigue hablándonos de perdón, porque es una condición central sin a cual no podemos hacer realidad a experiencia comunitaria. Es importante que nos hable de esto porque hay una diferencia en la experiencia del Antiguo Testamento, porque allí no tenía cabida pues alí primaba la retribución del mal por hacer el mal. El cristianismo inaugura un modelo distinto en las relaciones humanas. Porque basa todo en el amor como centro de todo proyecto, lo cual nos dice que Dios es el centro, y luego sin des-onocer que mal ronda a los seres humanos, los desafía a buscar maneras auténticas de ser en la comunidad. El mandato de Jesús de perdonar setenta veces siete, es decir, perdonar siempre, quiere decir que ante el conflicto, no ha salida más que perdonar.

La ausencia del perdón se concierte en crueldad, y ese es el caso de la parábola, quien ha sido perdonado, estará en mejores condiciones para perdonar, sin embargo las ambiciones humanas tienden hacia la injusticia, y no siempre la lección se aprende. No asimilar los aprendizajes vitales del perdón significa renuncia a la conversión

El evangelio nos invita a vivir el perdón de una manera consciente, permitiéndole a Dios que haga la obra en una cadena interminable de perdón. Conversión y repara-ción, romper ese ciclo es otra forma de obstaculizar el actuar salvífico de Dios.

Hemos olvidado de ver nuestra dignidad que fue regalo de dios y que nos preparó para la comunidad. Por eso el profeta nos recuerda lo que piensa Dios de nosotros “pero yo me acordaré de la alianza que hice contigo en los días de tu juventud y estableceré contigo una alianza eterna…” (60-62) Así piensa el Señor de Jerusalén, de su pueblo de la instauración del Reino de Dios en el mundo.

En su origen, Jerusalén fue una niña abandonada por sus padres y privada de todo: estaba excluida de la confederación cananea (Melquisedec, rey e Salém, no tiene ni padre ni madre (Hebreos 7,3) y, bastante de a era judía, el rey Ponti-Hefer escribía al faraón para lamentarse de su aislamiento); pasa sin daño a través de la historia de Canaán (3-5). Cuando los judíos ocupan la región, no se preocupan de Jerusalén: la dejan vivir por su cuenta. Sólo con David entró el Señor en su relación con la ciudad, la convirtió en su esposa (8-13) y la hizo beneficiaria de la gloria inaudita del reinado de Salomón: “era perfecta a hermosura que yo e habá dado. Oráculo del Señor.” (14)

Pero prendada de sí misma, Jerusalén rompe el pacto de amor con Dios y se convierte en una prostituta, ofreciendo sus favores “a todo el que pasaba” a todos los dioses de la región (15). Su infidelidad fue particularmente grave. Las otras ciudades del Oriente condenadas por el Señor no habían conocido de su amor con la misma intensidad, no habían sido tan adúlteras, por eso son claramente menos culpables que Jerusalén. En consecuencia, cabe esperar que el Señor juzgue a Jerusalén y la condene como se hace con una joven adúltera, con un castigo mucho más duro que el padecido por Gomorra, por Samaria y las otras ciudades paganas (35-52), no mencionada hoy en la liturgia. Con todo el misterioso amor del Señor, gratuito y fiel, no disminuirá; Dios sigue amando a la esposa infiel y le prepara un futuro de conversión y de retorno a él. Los últimos versículos le anuncian el establecimiento de una alianza eterna con ella.
En el evangelio seguimos con el proyecto que Dios tiene respecto al hombre y a la mujer, el proyecto del matrimonio.. Pero tenemos que encontrarnos con la ley judía. Jesús no está de acuerdo con la sociedad permisiva de su tiempo y haba del designio origina de dios. Dios creó al hombre y a la mujer para e matrimonio indisoluble.

Por eso cuestión planteada por los fariseos a Jesús es una trampa. Pero Jesús evita la pregunta, se declara en contra del divorcio apoyándose en dos textos de la Escritura: “Génesis 1, 27 y, 2,24. Dios quiere que el marido y mujer estén unidos como “un solo”. Lo que Dios ha unido no lo puede separar el hombre, aunque se trata del mismo Moisés (6b) El matrimonio, en efecto, no es sólo un contrato entre dos personas humanas: en él está implicada también la voluntad de Dios, inscrita en la complementariedad de los sexos. La voluntad de los esposos no basta para explicar el matrimonio: la voluntad de Dios forma parte inherente de mismo. El divorcio ignora el designio de una de las partes del matrimonio, el mismo Dios.

Lo que dice Jesús no lo comprenderán todos. Jesús no dice “no todos pueden poner en práctica estas palabras”, sino “no todos pueden comprender esto” (11) “quien pueda comprender que lo haga” (12); precisa que sóo pueden comprender “aquelos a quienes Dios se los concede” (11). Se trata de una inspiración interior concedida a los apóstoles y aquellos que creen”.(Mateo 11,25 y 16,17). Lo repite Ezequiel “Estableceré contigo, esposa mía, una alianza eterna”. (Ezequiel 16,60).

ORACION

Resultó entonces, Señor, comprender lo que significaba casarse o vivir célibe; lo que fue para aquellos que estaban familiarizados con la sagrada Escritura y para tus mismos discípulos; lo es para nosotros, que vivimos entre mil propuestas, bombardeados por tantos proyectos, apremiados por tantos expertos que pretenden tener la última palabra. Ahora, por fin, nos queda cara una cosa: todo está bajo el signo de tu gracia, tenemos necesidad de tu Espíritu.

Envíalo sobre tantas perezas y sobre tantas debilidades; sobre nuestros titubeos y sobre nuestros cambios de opinión. Envíalo como Espíritu de fortaleza que nos invita a partir, a arriesgar, a fiarnos los unos de los otros, a creer firmemente que tú eres el úni co que puede llevar a puerto un proyecto que es tuyo antes de ser nuestro.

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