Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 17 de octubre de 2009

17 DE OCTUBRE 2009

PALABRA DE DIOS

ROMANOS 4,13-18
13 Es fácil ver que la promesa hecha por Dios a Abrahán, o más bien a su descendencia de que el mundo le pertenecería, no era fruto de la Ley, sino de la nueva “justicia que procura la fe. 16 Por eso la fe es el camino, y todo es don. De este modo la promesa de Abrahán queda asegurada para toda su raza, no sólo para sus hijos según la Ley, sino también para aquellos que por la fe son hijos suyos.
17 Abrahán es el padre de todos nosotros, como dice la Escritura: Te hago padre de muchas naciones. Y llegó a serlo cuando creyó en Aquel que da vida a los muertos y llama a a existir lo que aún no existe.
18 Abrahán creyó y esperó contra toda esperanza, llegando a ser padre de muchas naciones, según le habían dicho: ¡Mira cuán numerosos serán tus descendientes!

SALMO 105,6-9,42-43


6 raza de Abrahán, su servidor, hijos de Jacob, su elegido!
7 El es el Señor, es nuestro Dios, sus decisiones tocan a toda la tierra.
8 Se acuerda para siempre de su alianza, de la palabra impuesta a mil generaciones, 9 del pacto que con Abrahán concluyó, y de su juramento a Isaac. .
42 Es que se acordó de su santa palabra que le dio a Abrahán, su servidor; 43 hizo salir a su pueblo alegremente, a sus elegidos entre gritos de gozo.

LUCAS 12, 8-12


8 Yo les digo: Si uno se pone de mi parte delante de los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte delante de los ángeles de Dios; 9 pero el que me niegue delante de los hombres, será también negado él delante de los ángeles de Dios.
10 Para el que critique al Hijo del Hombre habrá perdón, pero no habrá perdón para el que calumnie al Espíritu Santo.
11 Cuando los lleven ante las sinagogas, los jueces y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir;
12 llegada la hora, el Espíritu Santo les enseñará lo que tengan que decir.»

HOMILIA


Rom 4,13.16-18: “Abrahán es el padre de todos nosotros” Sal 104: El Señor se acuerda de su alianza eternamente. Lc 12,8-12: “El Espíritu Santo les enseñará”
Una de las grandes preocupaciones de las personas en la antigüedad era estar preparadas ante cualquier citación a un tribunal, caso muy frecuente por entonces. Tal preocupación se originaba en que para las culturas del Mediterráneo era muy importante exponer con fluidez y elocuencia la propia defensa; de modo que cualquier acción en tal sentido requería de una muy sólida preparación en el arte de argumentar y de persuadir al juez, al jurado y al público. Tanto así que muchas personas recurrían a oradores profesionales que cobraban enormes sumas por representar a los imputados. El evangelio señala otro camino y exhorta a los cristianos a abandonar esa preocupación, por cuanto la mejor defensa del discípulo de Cristo es su propio testimonio de vida. Una vida vivida en y según el Espíritu constituye un testimonio de autenticidad incontrovertible. Pero, al mismo tiempo, el evangelista advierte que es necesario no sólo presentar la propia vida, sino mostrar cómo ella está al servicio de la verdad que comunica Jesucristo. De lo contrario se convierte sólo en una exhibición de las propias virtudes, lo que era muy frecuente en el ambiente griego de aquella sociedad. El testimonio es para la gloria del Señor, y no para la vanidad de cada cual.

Ayer Pablo nos presentó a Abrahán, estableciendo un fuerte contraste entre la ley y la justicia que procede de la fe. En primer lugar, en primer lugar pone bien de manifiesta que la promesa de Dios a Abrahán no depende de la ley “no era fruto de la Ley, sino de la nueva “justicia que procura la fe.”, se establece de una manera inequívoca que la promesa de la Dios es absoluta, previa e incondicionada. No hay ley, ni siquiera la mosaica, que pueda condicionar la promesa de Dios. Es cierto, que al prometer Dios se compromete con nosotros en el amor y la fidelidad, pero lo hace siempre en medio de su más absoluta libertad.

Por otro lado, Pablo afirma que la fe es la única vía que conduce a la justicia, esto es, a la acogida del don de la salvación. De aquí que los verdaderos descendientes de abahán no sean los que vivan según las exigencias y las pretensiones de la ley, sino los que acogen el don de la fe, y lo viven con ánimo agradecido y conmovido. Desde este punto de vista, Pablo define como “herederos” que han aprendido de él, y no sólo la obediencia a la ley. Se trata de una herencia extremadamente preciosa y delicada, porque solicita y unifica diferentes actitudes de vida, todas ellas reducibles a la escucha de Dios, que habla y manda, que unifica y promete.

La fe de Abrahán, precisamente por estar íntimamente ligada a la promesa divina, también puede ser la llamada “esperanza”: “contra toda esperanza creyó Abrahán, (vers. 18) De este modo entra Abrahán completamente en la perspectiva de Dios, esto es, de aquel “que que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen”. (vers. 17b). Y así, mediante la fe, todo creyente puede llegar a ser destinatario que únicamente puede ser atribuído a Dios.
Continuándose dirigirno a sus discípulos, Jesús traza antre sus ojos un programa de vida evangélica dotado de caracteres nuevos y atrazctivos. La vida de sus discípulos está animada por el mismo Espíritu que ha ordenado e ilouminado la vida de Cristo.


El discípulo de Jesús, debe ser, de entrada, un testigo fiel y animoso, y eso no sólo durante el período de la vida pública de su maestro, sino también y sobretodo en uan perspectiva escatológica. Desde esta perspectiva, resultan iluminadores los tiempos futuros que emplea Jesús, “Si uno se declara a mi favor delante de los hombres, también el Hijo del hombre se declara…”, “Si uno me niega delante de los hombres, también me lo negará…” (8-10) Al testigo le corresponde dos características: por una parte, la de caminar por el mismo camino que ha recorrido Jesús; por otra, la de recibir de su Señor el reconocimiento prometido a los mártires.


En cuanto al pecado “contra el Espíritu Santo, es fácil recordar la opinión de algunos Padres de la Iglesia, según los cuales se trataríade la apostasía de los cristianos. Sin embargo, es asimismo útil señalar que Lucas, al distinguir entre el pecado, contra el Hijo del hombre y el pecado contra el Espíritu Santo, pretende distinguir los tiempos de la misión terrena de Jesús y los tiempos de la misión apostólica después de Pentecostés. No, ciertamente, para establecer una oposición entre dos momentos de la misma historia de la salvación, sino para indicar que la gravedad del pecado crece a media que la luz, cada vez más brillante, en particular la luz pentecostal del Espíritu Santo, que n os da el Señor. Del Espíritu Santo, además, nos habla también Jesús en otros términos, concretamente como de aquel que surgirá a los discípulos, cuando sean puestos a prueba en unas circunstancias históricas extremadamente delicadas, las palabras adecuadas que deban decir en los tribunales para defender la verdad. Nos viene de amnera espontánea a a la mente las referencia a Juan 15, 22ss: “Cuando vean al Paráclito, el Espíritu de la verdad que yo os enviaré y que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Vosotros mismos seréis mis testigos, porque habéis estado conmigo desde el principio.”
Por eso no dejamos nunca de meditar sobre la figura de Abrahán, padres de todos nosotros. ¿Qué sentimientos habrán nacido en el corazón de aquel viejo caravanero acostumbrado a los grandes silencias del desierto, el silbido del viento, al mugir de los rebaños cuando comprendió a Dios que le hablaba? No reconoció la voz, la escuchó, se adhirió a ella y de la esterilidad de su vejez, floreció una descendencia innumerable. En efecto, el que creo no es el hecho justo sólo para sí mismo el amor que toma el rostro de la fe es fecundo no sólo para quien se confía a Dios, sino también para otros que de una manera misteriosa, son alcanzados por nuestro asentimiento.

También, nosotros como Abrahán estamos llamados a hacer depender nuestra vida de la escucha de la Palabra de cada día que nos dirige Dios. En una sociedad que siembra la muerte, su Palabra es vida. Es un tiempo desesperación y de angustia, hay necesidad de quien sepa esperar contra toda esperanza.. Solamente de este modo puede ser el creyente, en medio de sus hermanos, verdadero portador “del Evangelio,” de la Buena Nueva: nuestro corazón es lo suficientemente amplia para contener el Espíritu de amor que nos une, de una manera indisoluble, al Padre en el Hijo, dador de todo bien.

Por eso se nos hace repetir con frecuencia y vivir la Palabra hoy, como dice pablo de Abrahán, “contra toda esperanza, creyó Abrahán.” (Romanos 4. 18) El Beato Juan XXIII decía en la apertura del Concilio Vaticano II, que necesitaba anunciar al mundo de hoy la verdad de la que es depositaria la iglesia, con un lenguaje nuevo, es decir, el lenguaje de los hombres de hoy, el único que ellos comprenden. El lo sabía, Tomad, por ejemplo, el amor materno o el de un verdadero amigo. Fijaos como ese amor aprende a meterse, efectivamente, “en la piel del otro” a considerar el punto de vista del otro, a intentar ver lo que piensa, lo que hay de verdad en lo que piensa; a esforzarse por comprender el pensamiento del otro; a esforzarse por comprender el pensamiento del otro o hacerse comprender, recurriendo siempre as nuevos términos, nuevas comparaciones, nuevas ideas.


Dos cosas son entonces necesarias, el amor a la verdad y el amor a la persona, o sea la caridad con el prójimo: uno y otro armoniosamente undios, cada uno en su sitio y seg+un su importancia.


ORACION

Fe es creer ue tu mano, oh Dios, lleva el volante de mi vida, es saber que ningún mal podrá hacerme daño, es certeza de tu amor: "una de que no me ayuda a despegar está muerta."

Fe es dar calor a quien tiene hielo en el alma, es ofrecer un trozo de pan a quien sufre los calambres del hambre, es inventar una meta para quien no tiene donde reposar: una fe sin obras está muerta.

Fe es vivir tu designio inescrutable, oh Padre; es entrar en la perspectiva de tus invitaciones absurdas, es confianza en tu promesa todavía invisible: una fe que no se vuekve coraje está muerta.

Fe es toda duda, inseguridad: "Tú también, me has abandonado"; es debilidad y miedo: Si es posible que pase de mí este cáliz"; es muerte que da vida: "No mi voluntad, sino la tuya": una fe que no se mida con la prueba está muerta.

Fe es un continuo procdeso de aprender y reaprender que significa amar a Dios, al prójimo y a nosotros mismos, es un devenir cotidiano hacia el bien, es viajar con él hacia la meta final: una fe que no engendra esperanza está muerta.

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