Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



domingo, 4 de octubre de 2009

DOMINGO VIGESIMO SEPTIMO, TIEMPO ORDINARIO

GENESIS 2, 18-24
18 Dijo Yavé Dios: «No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una auxiliar a su semejanza.» 19 Entonces Yavé Dios formó de la tierra a todos los animales del campo y a todas las aves del cielo, y los llevó ante el hombre para que les pusiera nombre. Y el nombre de todo ser viviente había de ser el que el hombre le había dado. 20 El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo y a las fieras salvajes. Pero no se encontró a ninguno que fuera a su altura y lo ayudara. 21 Entonces Yavé hizo caer en un profundo sueño al hombre y éste se durmió. Le sacó una de sus costillas y rellenó el hueco con carne. 22 De la costilla que Yavé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó: 23 «Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada varona porque del varón ha sido tomada.» 24 Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y pasan a ser una sola carne.

SALMO 128,1-6
2 Yo te amo, Señor, mi fuerza, 3 El Señor es mi roca y mi fortaleza; es mi libertador y es mi Dios, es la roca que me da seguridad; es mi escudo y me da la victoria.
4 Invoco al Señor que es digno de alabanzas, y me veo libre de mis enemigos.
5 Las aguas de la muerte me envolvían, los torrentes devastadores me aterraban; 6 las redes de la muerte me cercaban, ante mí estaban tendidas trampas mortales.

HEBREOS 2,9-11
El texto dice: por un momento lo hiciste más bajo que los ángeles. Esto se refiere a Jesús, que, como precio de su muerte dolorosa, ha sido coronado de gloria y honor.
9 Por gracia de Dios experimentó la muerte por todos. 10 Dios, del que viene todo y que actúa en todo, quería introducir en la Gloria a un gran número de hijos, y le pareció bien hacer perfecto por medio del sufrimiento al que se hacía cargo de la salvación de todos; 11 de este modo el que comunicaba la santidad se identificaría con aquellos a los que santificaba.

MARCOS 10: 2-16
¿Qué es más fácil decir a este paralítico: Se te perdonan tus pecados, o decir: Levántate, toma tu camilla y anda? 10 Pues ahora ustedes sabrán que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder para perdonar pecados.» 11 Y dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»
11 El hombre se levantó, y ante los ojos de toda la gente, cargó con su camilla y se fue.

HOMILA

Los libros de historia nos cuentan que desde los principios la humanidad ha estado dividida en grupos: familias, tribus, clanes, países... Esos grupos siempre han marcado sus fronteras. Y han terminado mirando a los demás con desconfianza. Los otros eran siempre una amenaza que provocaba inseguridad. Los otros eran siempre un probable enemigo. Por eso había que defenderse. Y algunos terminaron diciendo que la mejor defensa es un buen ataque. Eso en los libros de historia. Reconozcamos que, llegados al siglo XXI no hemos cambiado mucho. Hace bien poco volvimos a hablar de la guerra “preventiva”.

Los seguidores de Jesús también nos agrupamos en diferentes familias. Todos pretendemos tener la verdad. Y muchos, contra el mismísimo espíritu del Evangelio, se miran entre sí con desconfianza. Miran a los otros como enemigos. Y dictan condenaciones y anatemas en nombre de Dios. Podríamos poner abundantes ejemplos. Una vez al año, allá por enero, se celebra la semana de oración por la unidad de las Iglesias pero poco más. Los conflictos han brotado a lo largo de la historia y brotan hoy en día por cuestiones teóricas, por diferentes concepciones teológicas... Las ideas separan la vida. La queja de los discípulos Hay que leer muchas veces el Evangelio de este domingo para comprender lo que Jesús podía pensar sobre esas divisiones entre nosotros. En su tiempo ya había grupos diferentes. Cada uno pretendía tener su propia identidad, ser diferente frente a los demás. Y los discípulos se quejan a Jesús: “Mira que esos otros se aprovechan de tu nombre para hacer milagros y se llevan a la gente a su grupo. Y claro no son de los nuestros.” Se quejan como sí tuvieran la exclusiva y el monopolio del uso del nombre de Jesús.

La respuesta de Jesús es contundente. Lo de menos es usar su nombre. Y menos si se usa para hacer el bien a una persona. El objetivo de Jesús no es reunir un grupo de creyentes. Su objetivo es convocar a todos, hombres y mujeres, en el Reino de Dios. ¡Muy diferente! Para ello, Jesús, a través de sus palabras y acciones, se esfuerza por devolver la dignidad a las personas, por levantarlas del agujero en que su propia vida o la sociedad las han hundido. No hay más pecado que el que destruye esa dignidad, que el que hunde a “uno de esos pequeños”. Todos los que están trabajan en favor de la dignidad de las personas, trabajan por el Reino. Todos son bienvenidos. No hay que excluir a nadie. “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”.

El seguidor de Jesús no excluye a nadie. El seguidor de Jesús va por la vida con las manos abiertas para colaborar con todos los que trabajan en favor del Reino. El seguidor de Jesús se alegra y goza cuando otros, aunque no confiesen a Jesús con su boca ni con su corazón, ayudan a las personas, levantan a los caídos, devuelven la esperanza a todos. El seguidor de Jesús sabe que todo, la Iglesia incluida, está al servicio del Reino y no al revés. El seguidor de Jesús sabe que la gloria de Dios es la vida del hombre, como ya dijo hace muchos siglos San Ireneo. Y, por eso, el seguidor de Jesús está comprometido con todo aquello que hace que los hombres y mujeres de nuestros días vivan y vivan en plenitud la vida que es don de Dios.Comprometidos con el Reino

“¡Ojalá que todo el pueblo profetizara y el Señor infundiera a todos su espíritu!” dice Moisés en la primera lectura. Nosotros diríamos que ojalá todos estuviéramos de verdad comprometidos en la defensa y promoción de la dignidad de los hijos e hijas de Dios. Entonces este mundo estaría más cerca del Reino. Y podríamos alabar y dar gracias a Dios, gozosos al ver que su espíritu está presente en medio de nosotros haciendo un mundo más humano, más justo, más hermano. El problema es posible que esté en que los que defienden tan celosamente los derechos de su grupo particular quizá están defendiendo en realidad otros intereses inconfesables, que poco tienen que ver con el Reino de Dios. Quizá habría que leer en esta clave la lectura de la carta de Santiago.

Los cristianos hemos de tener una mirada clara y unos ojos capaces de mirar al horizonte. Más allá de las apariencias, descubrimos en esta historia la presencia del Espíritu de Jesús que va haciendo Reino, que va tocando el corazón de las personas. Nos alegramos y damos gracias a Dios por las muchas personas que se entregan al bien de los hermanos. Sin envidias ni celos sino con gozo y acción de gracias.
ORACION

Te pido, Señor, te pido por cada hombre y cada mujer que, un día,se reconocieron hechos el uno para el otro y decidieron compartir toda su vida.

Te doy gracias por su coraje, por su determinación, sobre todo por su decisión de convertir el amor en alimento de sus jornadas. Te doy gracias por qel don que son recíprocamente: es algo que también ma habal de tu amor. Te doy gracias por su entrega, renovada cada día: algo que me habla también de tu amor. Te doy gracias por su apertura a la vida: algo ue me habla también de tu desbordante paternidad y matrnidad. No los dejes solos y ayúdales a no dejarte nunca. Sé tú la fuerza de su unión. Y si han de vivir moemntos oscuros, en el que amor parezca entascarse en los sacos del "dado por descontado" y de la falta de creatividad, haz que enduentren de nuevo aquella mirada transparente en la que se reoncieron entregados el uno a la otra y, atreviéndose a ser juntos don para todos los hermanos, den nuevo vigor a aquel amor que los hace una sola cosa, como tú, Dios, eres uno en la comunión trinitaria. Amén



























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