Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 21 de octubre de 2009

OCTUBRE 22, 2009

PALABRA DE DIOS

ROMANOS 6, 19-23

19 Ven que uso figuras muy humanas, pues tal vez les cueste entender.
19 Hubo un tiempo en que llevaron una vida desordenada e hicieron sus cuerpos esclavos de la impureza y del desorden, conviértanlos ahora en servidores de la justicia verdadera, para llegar a ser santos.
20 Cuando eran esclavos del pecado, se sentían muy libres respecto al camino de justicia. 21 Pero con todas esas cosas de las que ahora se avergüenzan, ¿cuál ha sido el fruto? Al final está la muerte.
22 Ahora, en cambio, siendo libres del pecado y sirviendo a Dios, trabajan para su propia santificación, y al final está la vida eterna.
23 El pecado paga un salario, y es la muerte. La vida eterna, en cambio, es el don de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor.

SALMO 1,1-4,6

1 Dichoso el hombre que no va a reuniones de malvados, ni sigue el camino de los pecadores ni se sienta en la junta de burlones, 2 mas le agrada la Ley del Señor y medita su Ley de noche y día.
3 Es como árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y tiene su follaje siempre verde. Todo lo que él hace le resulta. 4 No sucede así con los impíos: son como paja llevada por el viento.
6 El Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malos lleva al desastre.

LUCAS 12,49-53
49 He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!
50 Pero también he de recibir un bautismo y ¡qué angustia siento hasta que no se haya cumplido!
51 ¿Creen ustedes que he venido para establecer la paz en la tierra? Les digo que no; más bien he venido a traer división. 52 Pues de ahora en adelante hasta en una casa de cinco personas habrá división: tres contra dos y dos contra tres.
53 El padre estará contra del hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

HOMILIA

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.Lc 12,49-53: “Vine a traer fuego a la tierra”
Una de las experiencias místicas más frecuentes entre los santos es la del divino amor que los consume. Ellos sienten la pasión por Dios como un fuego abrasador que hace arder su pensamiento y sus entrañas. Ese fuego los impele a llevar el Evangelio a los confines más distantes de los grandes centros del planeta, y a ofrecer una voz de esperanza en los ambientes más inhóspitos y descreídos. Ese fuego, sin embargo, tiene que resistir la prueba del agua; por eso el texto nos habla de un bautismo. Jesús sabe que su misión no se habrá cumplido hasta que él se sumerja por completo en la miseria humana. De lo contrario ¿qué redimiría? Sí; un fuego a prueba de agua. Un fuego que sea capaz de sobrevivir al antagonismo más adverso. Y al mismo tiempo, un fuego que sea capaz de exigir a la persona que elija una opción: o bien a favor de la causa del reino, o bien en contra de él. No queda espacio para las medias tintas o los cambalaches. O damos el salto hacia el lado del reino, o lo damos hacia el mundo de la violencia, la injusticia y la alienación degradante.

Pablo sigue reflexionando sobre el “gran paso” en el gran paso que se realiza en la vida del cristiano tanto por la fe que lo alimenta como por el bautismo que recibe. Nos encontramos en efecto, delante de una contraposición entre el pasado y el presente: dos tiempos separados entre sí por el misterio pascual de muerte y de vida, que fue de Jesús y ahora es de sus discípulos. Así pues la vida cristiana es asimilable, para Pablo a un viaje: es necesario saber de dónde venimos, pero es asimismo es indispensable saber dónde nos encaminamos. El camino de todo cristiano se desarrolla entre un pasado marcado por la esclavitud y un presente marcado por por la libertad. Elo trecho de camino que nos queda por recorrer está claramente trazado por Dios, y su nombre es Jesús: el camno y el único camino que estamos llamados a conocer y a recorrer.

La vida cristiana, para Pablo, es semejante también a un servicio, marcado a sí mismo por una fuerte y decidida separación. En efecto, del mismo modo que antes estábamos al servicio de la impureza y de la iniquidad, así ahora estamos al servicio de la justicia y de la santidad. Es como decir que, en cierto modo, el hombre debe reconocer que es siervo de alguien: si no se hace siervo de Dios, liberándose del pecado, acabará iendo siervo de Satanás, subyugado por el pecado.

Será bueno poner de relieve un detalle de este razonamiento desarrollado por Pablo. Es él quien insiste en el hecho de que “en otro tiempo eráis esclavos del pecado y no os considerabais obligados a buscar la salvación” (20). Pero ahora para explicitar el pensamiento del apóstol, ahora que hemos sido justificados o salvados por el amor de Dios mediante la fe, ya no somos libres respecto a la justicia, sino que nos hemos vuelto, y como tales nos comportamos, siervo de loa justicia, o sea, de Dios.

El evangelio nos presenta una simple realidad. La humanidad está obligada a elegir frente a Cristo. No es posible permanecer indiferente ante su Evangelio y sus “pretensiones” correspondientes. Esto depende sobretodo del radicalismo de la propuesta de salvación que ha venido a traer el Nazareno: una propuesta impregnada de amor; frente a la cual es preciso reaccionar por amor.
“He venido a traer fuego a la tierra” (49) y el tono delo discurso es autográfico. Esto significa que para poder elegir qué hacer y cómo vivir es necesario antes que nada, resolver el problema de la identidad de Jesús: quien no le reconozca en su verdadera identidad no podrá llegar a cabo decisiones dignas del seguimiento de Jesús. “Un fuego… un bautismo…” (49ss): no se trata de del fuego del Espíritu Santo, nio siquiera del fuego del juicio, sino del vivo deseo que alimenta Jesús de pasar por el fuego purificador de su pasión y muerte. Igualmente, Jesús desea pasar a través de ese bautismo de su bautismo de sangre que será su sacrificio en la cruz. Desde esta perspectiva, las imágenes del fuego y del bautismo nos proyectan hacia el final de la vida terrena de Jesús y hasta la cima de su misterio, que culminará con la entrega total de sí mismo al Padre por amor a nosotros.
Frente al amor que nos ha atestiguado Jesús, es menester reaccionar con amor, y es cosa sabida que el amor, el verdadero, es siempre muy exigente, en ocasiones desgarrador. Esa es la razón de que responder a la llamada evangélica implique, por un lado, dejar y, por otro, tomar. Dejar todo lo que es contrario al evangelio y a sus exigencias radicales para tomar la única cosa necesaria, es la única persona necesaria: Jesús, Hijo e Dios, Redentor nuestro.
Del discurso de Pablo que hemos leído hoy se desprende una clara contraposición entre los que los destinatarios de la Carta eran en un tiempo esclavos del pecado, y lo que son ahora. Es posible que para nosotros esta realidad no sea tan clara: no hay entre nosotros un pasado de impureza y desorden absoluto y hoy de santidad y justicia, sino una camino de conversión, un acto para llegar a ser según el corazón de Dios. Necesitamos ponernos a mendigar a diario la gracia del poder de la cruz, e invocar el don del Espíritu.

Por eso, se nos repite con frecuencia y vivir hoy la Palabra: “Ahora, en cambio, he3mos sido liberados del pecado y convertidos en siervos de Dios. (Romanos 6,22)
Cuando todos éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.”(Romanos 5,8) Si el amor cristianos tiende a la imitación de Cristo, esta verdad primordial sobre la que se fundamenta todo el cristianismo9 no puede ser ignorado. El “prójimo”, el más cercano a Cristo, es el más alejado. El Señor nos hace advertir, en el marco inequívoco que nos proporciona del juicio final. (Mateo 25) que detrás de este “alejado” que tiene hambre y sed, que está desnudo, enfermo, prisionero, es a él a quien encontramos, escondido a pesar de ser de ser alcanzado, sin ser notado a pesar de ser experimentado en verdad. El amor no puede amar más que el amor. Cuando el Hijo pasa del Padre al mundo, no puede amar más que a Dios. Al amor cristiano no se le pide ciertamente descubrir a Cristo. Basta con que el cristiano ame a su hermano junto con Cristo: así lo amará con referencia al Padre.

ORACION

Tu bautismo en el Jordán, Señor Jesús, me ha revelado el alcance de tu amor: El Hijo de Dios, nacido por nosotros. Tu bautismo de angre, Señor, me ha redimido por tu amor: el fuego purificador de mis culpas.

Tu resurrección, Señor, me ha mostrado el poder de tu amor: promesa consoladora de vida eterna. Tu ascensión, Señor, me ha asegurado la plenitud de tu amor: respiración vital y recreadora. Tu pentecostés, Señor, me inunda de tu amor: certeza perenne de luz y de calor.
Oh Señor : renueva la faz de la tierra, y también mi vida.

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