Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 2 de junio de 2007

HOMILIA Y ORACION

FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD

HOMILIA Y ORACION
Empezando a entender

Es práctica normal de los catequistas pedirle a los niños que escriban cartas a Dios. Algunas son una delicia, por la ingenuidad. Y alguien se ha tomado el tiempo de coleccionarlas y publicarlas en un libro. Algunos ejemplos: ¿Realmente tú planeaste para la jirafa que sea el animal que vemos en el zoológico o fue un accidente? “Mis hermanos me han dicho como nacemos y me parece que no debe ser así, ¿es cierto lo que dicen.” “Querido Dios, matar el tiempo es pecado mortal?” “Querido Dios debe imposible que tú ames a todos las personas del mundo. Somos cuatro en mi familia y nunca podré hacerlo…”
Este domingo es un poco diferente a lo que estamos acostumbrados, y se nos vuelve un poco doctrinal. Y estamos leyendo en las Escrituras para ver el significado de lo que creemos: la doctrina de la Santísima Trinidad. Algo que tenemos que tener en mente es el gran mandamiento que Cristo nos dijo que era el primero de todos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón con toda tu alma, y algo importante para hoy día, y con toda tu mente.”
Para los hermanos cristianos que solo se basan en la Escritura, tienen un verdadero problema con nuestra creencia católica de que la revelación viene de dos fuentes: la Escritura y la Tradición. Pero el evangelio de Juan nos dice que Jesús dijo: “Tengo muchas cosas que decirles, pero no las puede oír ahora. Pero cuando él venga, el Espíritu de la verdad los llevará a la verdad total…”
El Espíritu Santo, es el don de mismo Dios que llena el vacío que dejó la ausencia física de Jesús. El Espíritu nos rodea, nos llena y, si lo dejamos, nos mantendrá orientados a Dios, y lo que es más importante para nosotros, nos ayudará a entender a Dios.
La Iglesia siempre ha enseñado que la revelación terminó con la muerte de los apóstoles. Y por eso la Iglesia tiene reales problemas con aquellos que dicen que han recibido revelaciones. Ahora, tenemos que entender, que no por el hecho de que algo ha sido revelado, quiere decir que lo hemos entendido. Ciertamente, los apóstoles no entendieron todo de lo que Jesús les había ense-ñado. Y fue solamente después de Pentecostés que empezaron a entender.
Es cierto no hay una explicita enseñanza en la Escritura sobre la Trinidad de Dios, pero es claro al mismo tiempo que está allí de una manera implícita. Al mismo tiempo que las comunidades cristianas tuvieron sus luchas con su fe para entender la Trinidad, estas implicaciones empezaron a aparecer. Los cristianos empezaron a discernir el misterio que es la Trinidad. Estamos aún aprendiendo, Jesús nos dijo que muchas cosas acerca de Dios que no podemos entender “ahora” pero no dijo que no las entenderíamos nunca.
Por eso el fin de la celebración de hoy es tratar de entender la doctrina que nos puede llevar a Dios. Y aquí entra el Espíritu Santo y la Tradición. La Escritura nos muestra la diversidad de maneras que Dios se ha revelado a sí mismo, primero como Creador-Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. Y en cada manifestación de Dios empezamos a entender algo más de quien es Dios.
Todos queremos experimentar el amor de Dios. Queremos una expe-riencia de Dios, una que sin lugar a dudas nos convenza de su existencia y su amor a nosotros como individuos y como creación-humanidad.
Y hoy no es ese día. Y hoy no es acerca de amar ese Dios con toda el alma y la mente. Hoy es para recordarnos que nuestra mente es un don de Dios y debe-mos utilizarlo en conocer más y más acerca de Dios. Tenemos que amar a Dios con toda nuestra mente. Nuestro intelecto lo mismo que nuestro corazón tienen que estar envueltos en conocer a Dios.
Como el Libro de los Proverbios habla de la Señora Sabiduría, también habla de alegrarnos en Dios y de Dios alegrarse en nosotros. El libro de los Proverbios habla de cómo se alegra con la creación, en nosotros. Conocer a Dios quiere decir ser iluminados y llenos de alegría.
Se nos recuerda hoy que nuestras mentes, por la acción del Espíritu Santo, nos puede llevar a Dios. La Tradición es la experiencia de aprender, y el pensamiento de todos los cristianos que vivieron antes que nosotros y la experiencia del conocimiento, poquito a poquito de aquellas cosas que todavía no éramos capaces de entender cuando Jesús vivía entre nosotros. Tenemos que reflexionar qué es lo que nos dice la Escritura. Nuestras preguntas acerca de Dios nunca deben ser infantiles, pero debemos hacernos esas preguntas no importa lo inocentes, ingenuas e infantiles que parezcan.
Recordar que fue después de Pentecostés que los discípulos empezaron a entender lo que Jesús les había enseñado.
Nuestra mente es un regalo de Dios que debemos utilizar para conocer más y más a Dios. Debemos amar a Dios con toda nuestra mente.
Nuestro intelecto y nuestro corazón deben estar envueltos en la búsqueda de Dios y llenarnos de encanto y de alegría en Dios.

ORACION

Dios Padre, que al enviar al mundo al Verbo de verdad y al Espíritu de santidad, revelaste a los hombres tu misterio admirable, concédenos que al profesar la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la unidad de su majestad omnipotente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén

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