Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 8 de junio de 2007

LECTURAS

Tobías 11,5-17

5 Ana estaba sentada, miraba el camino por donde debía venir su hijo. 6 De repente tuvo un presentimiento y le dijo al padre: «¡Mira, ahí viene tu hijo con su compañero!» 7 Rafael había dicho a Tobías antes que se reuniera con su padre: «Te prometo que los ojos de tu padre se abrirán. 8 Le aplicarás en los ojos la hiel del pescado. El remedio le hará efecto y tú le retirarás de los ojos como una telita blanca. Entonces tu padre recuperará la vista y verá la luz».
9 La madre fue a echarse al cuello de su hijo: «Ahora, decía ella, puedo morir porque te he recuperado». Y lloraba. 10 Tobit se levantó y caminando a tropezones logró llegar a la puerta del patio. Tobías corrió donde él; 11 llevaba en la mano la hiel del pescado y le dijo: «¡Ten confianza, papá!» Luego le aplicó el remedio y lo dejó un tiempo. 12 En seguida, con cada mano, le quitó una débil tela del extremo de los ojos.
13 Entonces su padre se echó a su cuello, 14 llorando y exclamando: «¡Te veo, hijo mío! ¡Tú eres la luz de mis ojos!» Y añadió:
14 «¡Bendito sea Dios!
14 ¡Bendito sea su santo Nombre!
14 ¡Benditos sean todos sus santos ángeles!
14 ¡Bendito sea su Gran Nombre,
14 por los siglos de los siglos!
15 Porque me había castigado,
15 pero tuvo piedad de mí,
15 y hoy día veo a mi hijo Tobías».
15 Tobías entró en la casa. Muy feliz bendecía a Dios en alta voz; luego contó su viaje a su padre: le traía el dinero, se había casado con Sara, hija de Ragüel, que venía detrás de él y que ya no estaba lejos de las puertas de Nínive.
16 Tobit se dirigió a las puertas de Nínive para encontrarse con su nuera, y en su alegría alababa a Dios. Cuando los habitantes de Nínive lo vieron caminando sin que nadie lo llevara de la mano, y avanzando a paso firme como antes, se quedaron maravillados. 17 Entonces, ante ellos, Tobit proclamó que Dios había tenido piedad de él y que le había abierto los ojos. Luego Tobit se acercó a Sara, la mujer de su hijo Tobías, y la bendijo: «¡Bienvenida, hija mía! ¡Bendito sea Dios que te hizo venir a nuestra casa, hija mía! ¡Bendito sea tu padre, bendito sea mi hijo Tobías, bendita seas tu, hija mía; que el arribo a tu casa traiga la alegría y bendición. Entra hija mía». Ese día se hizo una fiesta para todos los judíos de Nínive, 18 y los primos de Tobías, Ajicar y Nadab fueron a compartir su alegría.

Salmo 145, 1-10

1 ¡Aleluya!
1 ¡Alaba al Señor, alma mía!
2 Mientras viva yo quiero alabar al Señor,
2 quiero salmodiar para el Señor mientras exista.
3 No pongas tu confianza en los que mandan,
3 ni en el mortal, que no puede salvarte;
4 no bien se le va el alma, vuelve al polvo,
4 y ese día se acaban sus proyectos.
5 Dichoso aquel que al Dios de Jacob
5 tiene de ayuda
5 y pone su esperanza en el Señor, su Dios,
6 en el que hizo los cielos y la tierra,
6 el mar y todo cuanto ellos encierran.
6 El su lealtad conserva siempre,
7 y su justicia da a los oprimidos,
7 proporciona su pan a los hambrientos.
7 El Señor deja libres a los presos.
8 el Señor da la vista a los ciegos,
8 el Señor endereza a los encorvados,
8 el Señor ama a los justos;
9 da el Señor protección al forastero,
9 y reanima al huérfano y a la viuda,
9 mas desvía el camino de los malvados.
10 El Señor reina para siempre,
10 tu Dios, Sión, de generación en generación.
10 ¡Aleluya!


Evangelio: Marcos 12, 35-37

35 Mientras Jesús enseñaba en el Templo, preguntó: «¿Por qué los maestros de la Ley dicen que el Mesías será el hijo de David?
36 Porque el mismo David dijo, hablando por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.
37 Si David mismo lo llama «Señor», ¿cómo puede entonces ser hijo suyo?»
Mucha gente acudía a Jesús y lo escuchaba con agrado.

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