Hay una historia que toca los temas de arrogancia y humildad. Había un sacerdote que todo el mundo pensaba que sería un buen obispo, pero cuando un compañero de su curso fue nombrado obispo dijo: “El fue siempre el segundo en la clase.” Y era verdad.
Esto nos lleva a lo que dice Pablo hoy en la primera lectura, que es cierto, aunque Pablo suena como si se estuviera alabándose, acerca de lo mucho que ha trabajado, las veces que estuvo en prisión, que fue apedreado, naufragó y el resto de lo que dice. ¿Qué tenemos que sacar de todo esto? ¿Es que Pablo habla por orgullo o esto nos muestra el lado oscuro de Pablo? Tenemos evidencia de que a veces fue una persona con quien era difícil de convivir, por lo menos algunos de sus compañero ciertamente encontraron difícil convivir con él.
Tal vez la respuesta está en el evangelio de hoy. El propósito de la manera cómo Pablo le habla a los corintios es porque ellos están poniendo en dudas su ministerio. Y él habla lo que llama “la preocupación por todas las iglesias.” El tesoro de Pablo es el Reino de Dios Su corazón no está puesto es la aprobación de nadie y esto lo salva de ser acusado de arrogancia. El sacerdote que les hablaba era una persona humilde, cualidad importante para ser obispo.
En la primera lectura, Pablo está llegando al final de su carta y camina entre el orgullo de su propia identidad y la debilidad de la comunidad de Corinto. Pablo es consciente que esto no lo dice según el Señor, sino como alguien que presume de su identidad, lo decía ayer: “tan verdad como que soy cristiano, que nadie en toda Grecia me quitará esa satisfacción…” Pero estas palabras iluminan dos cosas, la sicología de Pablo y su método de evangelización. Habla de la integración de su persona en su misión y la importancia de la Palabra. Lo que dice Pablo no coinciden con la Palabra, simplemente es la defensa de la validez del mensaje que ha trasmitido. Está convencido de que es la manera de debe enfrentar a la gente de Corinto, oscilante e inclinada, a escuchar otras voces, la de los superapóstoles que ponen en peligro el mensaje del evangelio que Pablo les ha predicado, y pone de relieve su amor por el evangelio, por la iglesia de Corinto, por su propia misión apostólica: Dice “¿Ministros de Cristo? Voy a decir un disparate: mucho más yo…” Por eso va a decir a los corintios: “El que presuma que presuma en el Señor…” (1 Corintios 1,31 y 2 Corintios 10,17) Y entonces el presumir de los otros es para desacreditar al apóstol y manipular la enseñanza evangélica y lleva a Pablo a defender su ministerio apostólico “por la preocupación por las iglesias…”
Jesús, en el evangelio de hoy, usa dos ejemplos, independientes entre sí. El primero es la acumulación de riquezas. El que Jesús repita la palabra “acumular” dos veces, indica la insistencia de Jesús sobre el tema. La palabra implica actitudes como depositar en el tesoro (hoy bancos e instituciones de crédito) implica el reunir-recoger-coleccionar- conservar.
Las razones que Jesús nombra para “no acumular” parece ajenas a moti-vaciones espirituales: presta atención, los objetos de tu opulencia atraen a los atracadores, que bien pueden ser hoy las compañías de cartas de crédito; pero luego da la razón espiritual: deposita tus tesoros en el cielo, donde está garantizados, salvaguardados e incrementados seguramente por los intereses. La razón de esta alternativa ponen de manifiesto las razones de la vida: la personalidad (el corazón) está definida por la interpretación y el valor que le damos a las riquezas (tesoro).
El segundo ejemplo de Jesús tiene que ver con la rectitud total del individuo. Aparentemente tampoco es una razón espiritual sino más bien de cultura humana, es decir como modelo de evaluación y transformación de la sicología de la persona. La alegoría de la luz/tiniebla y la del ojo, nos ayuda a comprender el mensaje profundo y sencillo: presta atención a los condicionamiento que modifican tu personalidad. El ojo es un puerta de entrada y salida: introduce lo exterior en lo interior, lee lo exterior con las gafas de lo interior. Jesús nos orienta a comprobar si nuestro ojo está sano (literalmente, sencillo, franco, veraz;) o sea a controlar la corrección de nuestra relación con la realidad, nos amonesta a vigilar si nuestro ojo está enfermo (literalmente, malo, perjudicial, defectuoso, estropeado, vicioso) o sea, a controlar la distorsión individualista de la realidad.
Es decir los dos ejemplos de Jesús no dicen en qué consiste el tesoro, ni la luz y las tinieblas. La razón es que los destinatarios son discípulos y ellos los saben bien pero al escucharlo van aumentando el conocimiento de los mismos.
Saben que el tesoro no son los bienes terrenos, que aunque preciosos son caducos, pasajeros (Lucas 12,21; Mateo 13,52). Saben que el tesoro es el patrimonio que forja la personalidad y condiciona los comportamientos. (Mateo 12,35) Saben que el tesoro es el Reino de los cielos, para comprar el cual vale la pena vender todo lo que tienen, es decir, apostar por él más que por las cosas de este mundo ambiguas e impracticables (Mateo 13,44) Y saben que el Reino se hace visible siguiendo a Cristo en la pobreza evangélica, compensada por un “tesoro en el cielo…” (Mateo 19,21). El cielo, como lugar del depósito y reapropiación del tesoro, es, qué duda cabe, la vida eterna en el paraíso, pero también la maduración está en el “reino de los cielos”, es decir el ser discípulos del evangelio, el seguir a Cristo, la comunidad eclesial en la historia.
Ellos saben que Jesús es la luz verdadera venida a este mundo para iluminar a los hombres (Juan 1, y 9; 3,19). Han aprendido de él que es la luz del mundo.; de manera que quien lo sigue “no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida…” (Juan 8,12) y han aprendido que ellos mismos son la luz del mundo. Los discípulos saben que las tinieblas significan el alejamiento del Reino, esto es de los valores evangélicos, el rechazo de Cristo, donde se encuentran las tinieblas, el llanto y el rechinar de dientes (Mateo 22,13; 25,30).
ORA Y REFLEXIONA y repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Aunque, si es presumo presumir, presumiré de mis flaquezas…) 2 Corintios 11,30)
ORACION
Padre, que tu Espíritu que vive en nosotros nos anime a desear totalmente el Reino de los cielos sobre todas las cosas. Líbranos de los deseos de aprobación del mundo, para que podamos ser guiados por ti y transformarnos a la imagen de tu Hijo. Amén

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