Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



domingo, 17 de junio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO: DOMINGO UNDECIMO

El Talmud dice: “el niño en la calle habla lo que el padre dice en casa…” Aunque esto es embarazoso para los padres, es verdad. Un padre cuenta que lleva a su hijo de tres años a visitar a la abuela. Mientras están en la casa de la abuela ésta y su nieto preparan masitas dulces mientras el abuelo y el papá del niño ven un partido de futbol. Mientras el niño prueba, el niño tiene en la mano una de las masitas y “… usa una palabrota… esto sí que está bueno.”
La abuela tragó saliva y se levanta de su silla y corrige al nieto diciendo: “Esa, no es una buena palabra. ¿Dónde la aprendiste? Y el nieto responde; “Lo dice mi papa cada vez que mamá prepara la cena.

Al celebrar el día del Padre, queremos celebrar lo bueno que nuestros padres hicieron por nosotros Queremos celebrar buenos ejemplo de amor de nuestros padres. Tenemos que tener en cuenta a los niños cuyo padre está ausente, o peor, padres que no hacen las veces de padres.

La primera lectura nos habla del pecado de un padre que lleva a la des-trucción de la familia. Conocemos la historia de David, cómo observa a la mujer de Urías. El quiere algo y no le importan las consecuencias. Y fue tan egoísta y tan absorbido por su yo que hace que maten a Urías.

Porque David hizo algo que no era parte de su cultura religiosa, pero sí de la moral de los pueblos vecinos, rehúsa reconocer que haya hecho algo malo. Natán el profeta, mandado por Dios, va a la casa de David y le cuenta una parábola, la del rico que invita a su amigo a casa y le mata la única oveja que tiene su vecino pobre, para dar una fiesta a su amigo. El rey se enoja ante tal actitud y quiere conocer quien es el culpable para ejercer justicia. Natán le responde simplemente: “Ese hombre eres tú…”

David enfrentado con la enormidad de su crimen pide perdón. Dios amaba a David, como Dios ama a todos sus hijos y Dios le concedió el perdón, pero Dios no libró a David de las consecuencias de su acción.

Su hijo Absalón se rebela contra su padre y trata de quitarle el trono. Los soldados del rey, por amor a David, persiguen al hijo rebelde, Absalón, a quien David quería mucho y lo matan, y esto deja a David con el dolor como consecuencia de su pecado.

Pablo nos habla de que somos justificados por Cristo. Para muchos católicos el término “justificación” es bien confuso y, no se encuentra en su vocabulario de fe. A pesar que asociamos a esa palabra con las diferencias doctrinales que tenemos con los protestantes, es una palabra muy útil para nosotros. Podemos pensar que es una palabra de nuestro lenguaje de com-putadoras. Cuando hemos escrito un texto hablamos de alinear o, a la derecha o, a la izquierda, para que el texto se alinee en una página, que quede la línea justa.

Pero cuando hablamos en términos religiosos, justificación, significa que Dios nos libra del pecado original y así, nos salva. Esto fue realizado por la muerte de Jesús. Dicho simplemente, Dios quiso “alinearnos” para que fuéramos consistentes con la vida nueva creada para nosotros. Esto es algo que Dios hace por nosotros. Una mera obediencia a las leyes de Dio no nos justifica. Pero, desde el punto de vista católico, aunque no podemos ganar o merecer nuestra salvación, tenemos una elección. Tenemos la elección de alinearnos o no, con el plan que Dios nos ofrece.

El Evangelio nos relata la historia de la mujer que quería “alinearse con Dios”, la mujer que quería perdón. Lo que hizo por Jesús no le mereció nada. Viendo su amor y deseo, Jesús dijo que su fe y su amor y su humildad en aceptar el perdón que se le ofrecía, ese perdón le era regalado. Sus lágrimas fueron lágrimas de gratitud.

Cómo un padre vive su vida tiene un enorme impacto en la enseñanza de sus hijos. Es importante, por lo tanto, para sus hijos. De los padres, los hijos pueden aprender a ser un hombres. Y de vital importancia, entonces, entender lo que el hombre es y, particularmente qué es un hombre cristiano. Las madres pueden motivar a sus hijos a asistir a la misa, pero una familia donde el padre va a la misa, está mejor preparada para permanecer activos en la fe. Con esto no estoy diciendo que el ejemplo de la madre no es importante. Las madres tienen ciertas influencias que no tienen los padres. Y esto es una realidad, porque todos tenemos diferentes dones.

La pregunta importante hoy es, ¿estamos dispuestos a dejar nuestros deseos y dejar a Dios que nos alinee, nos justifique, o estamos como David ¿olvidando lo que somos?

Resumiendo el mensaje de hoy: David cogido en la verdad de su pecado pide perdón. Dios que quería David le ofrece el perdón y se lo da, pero no lo libra a David de las consecuencias de su pecado.
Sabemos que no podemos “ganar o merece la salvación, pero podemos elegir si deseamos o no alinearnos al plan de Dios.

ORA Y REFLEXIONA, lee, ora y vive la Palabra de Dios: “Sabemos que el hombre no llega a ser justo por cumplir la ley, sino por creer en Jesucristo.” (Gálatas 2,16)

ORACION
Dios nuestro, fuerza de todos los que en ti confían, ayúdanos con tu gracia, sin la cual nada puede nuestra humana debilidad, para que podamos ser fieles en la observancia de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesu-cristo, tu Hijo, que siendo Dios vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén

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