Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 29 de junio de 2007

HOMILIA Y ORACION

FIESTA DE LOS SANTOS APOSTOLES PEDRO Y PABLO
Pedro y Pablo los “príncipes”, es decir, los primeros en la Iglesia.

Si nos fijamos en la historia, estamos en los años 41-44 y Pedro como Jesús es arrestado durante los días de la Pascua judía y encarcelado. Lucas nos hace comprender la suerte que hubiera correspondido a Pedro si el Señor no hubiera intervenido con un milagro, die Lucas “para presentarlo ante el pueblo después de la Pascua…”. La grandeza de la liberación de Pedro, toda ella es obra de Dios, hasta tal punto que los cristianos no podían dar crédito a sus ojos. Es interesante seguir todo el proceso de la liberación, por un lado Pedro duerme en la cárcel y luego Pedro y el ángel caminan mientras las puertas se abren fácilmente a su paso, cuando el ángel desaparece, Pedro cae en la cuenta, “Ahora me doy cuenta de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de Herodes y de las maquinaciones que los judíos habían tramado contra mi…”y se reúne con la iglesia que está orando por él. Para Lucas ésta es la Pascua de Pedro, la liberación definitiva del mundo judío, y la liberación de la cabeza de los apóstoles se convierte en signo concreto de la salvación que deben llevar a los paganos.

En la Segunda Carta a Timoteo, el texto que leímos nos ofrece el testamento de Pablo que siente ahora próxima su muerte. Nos muestra el estado de ánimo de Pablo: se siente solo, abandonado por los hermanos, pero no víctima, porque tiene la mente tranquila y el Señor está con él. Ha conservado la fe y la vocación misionera, en fidelidad al mandato recibido. Es consciente “de que ha combatido el buen combate, y ha concluido su carrera…” (7) Quiere morir como un luchador, tal como ha vivido, consciente de haberse entregado por completo a Dios y a los hermanos. Es consciente también de que ahora le espera la victoria prometida al siervo fiel y, también a todos los que “esperan con amor su venida gloriosa…” (8) El texto que leímos termina subrayando los sentimientos del apóstol, su amor por la causa del evangelio, su imitación de la persona de Cristo, y su conciencia de haber llevado a cabo la obra de salvación con los gentiles, a la que había sido llamado por el Señor. (17)

La confesión de Pedro es un texto de gran importancia para el cris-tianismo y se compone de dos pares: la respuesta de Pedro sobre el mesianismo de Jesús (13-16) y la promesa del primado (17-19) Por lo que respecta a la pregunta que Jesús dirige a los discípulos, podemos subrayar dos puntos de vista: el de los hombres (13) “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?" Y el de Dios (15) En la respuesta de Pedro a la pregunta: “Y ¿vosotros quién decía que soy yo?”

La gente opina de él que es un profeta, una persona extraordinaria (14). La opinión e los Doce la expresa Pedro, confiesa que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (16). Ahora bien esa revelación es obra exclusiva del Espíritu Santo, “porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en el cielo…” (17). A causa de esta confesión, Pedro será la roca sobre la que edificará Jesús su Iglesia. A Pedro y sus sucesores les ha sido confiada una misión única en la Iglesia: ser el fundamento visible de una realidad invisible que es Cristo resucitado. El poder especial otorgado por Jesús a Pedro, expresado en la metáfora de las llaves, del “atar” y el “desatar” (19) indica que tendrá autoridad para prohibir y permitir en la Iglesia.

La Iglesia celebra hoy, a través de estos dos apóstoles su fundamento apostólico, mediante el cual se apoya directamente en la piedra angular que es Cristo. (Efesios 2,19ss) Pedro y Pablo son los fundadores de nuestra fe; a partir de ellos se establece el diálogo entre institución y carisma, a fin de progresar en el camino de la vida cristiana.

EL pescador de Galilea, empezó su extraordinaria aventura siguiendo al Maestro de Nazaret, primero en Judea y, a continuación, tras su muerte, hasta Roma. Pedro continúa siendo, en los obispos de Roma, la “roca” y el centro de la unidad sobre la que Cristo edificó su Iglesia.

Pablo de Tarso, el apóstol de los gentiles, se convirtió de perseguidor de Cristo en celoso misionero de Evangelio. Atrapado en el amor al Señor, Cristo llegó a ser para él la única pasión (2 Corintios 5,14) hasta el punto de decir: “Ya no vivo yo, Cristo es quien vive en mí.” (Gálatas 2,20). El mensaje, la evangelización de estos dos columnas de la Iglesia no se apoya en un mensaje intelectual, sino en una práctica profunda, sufrida y atestiguada con la Palabra de Jesús. San Agustín dice de esta fiesta: “En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. Es que ambos eran en realidad una sola cosa, aunque fueran martirizados en días diversos. Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrada para nosotros por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.

ORA Y REFLEXIONA: repite hoy con frecuencia orando con Pedro y Pablo: “El Señor me asistió y me confortó.” (2 Timoteo 4,17)

ORACION:
Dios y Padre nuestro hoy celebramos las fiestas de los apóstoles, Pedro y Pablo, seres humanos débiles como nosotros. Llénanos de tu amor, para que nuestras debilidades se puedan transformar en nuestra fortaleza para proclamar tu evangelio a todo el mundo, como Pedro y Pablo. Amén.

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