18 Hermanos: Dios sabe que nuestro modo de proceder con ustedes no es sí y no, 19 al igual que el Hijo de Dios, Cristo Jesús, al que tanto yo como Silvano y Timoteo predicamos, no fue sí y no; en él no hubo más que un sí. 20 En él todas las promesas de Dios han llegado a ser un sí, y por eso precisamente decimos «Amén» en su nombre cuando damos gracias a Dios.
21 Y Dios es el que nos da fuerza, a nosotros y a ustedes, para Cristo; él nos ha ungido
22 y nos ha marcado con su propio sello al depositar en nosotros los primeros dones del Espíritu. 23 Dios sabe, y se lo juro por mi propia vida, que sólo para evitar roces con ustedes decidí no volver a Corinto.
24 No pretendo ser el que controla la fe de la comunidad, sino el que le trae alegría, y hablando de fe, ustedes se mantienen firmes.
Salmo 119, 129-135
Maravillosos son tus testimonios por eso mi alma los guarda.
130 Exponer tus palabras es dar luz y abrir la inteligencia de los sencillos.
131 Abro una boca grande para aspirar, pues estoy ávido de tus mandamientos.
132 Vuélvete a mí y ten de mí piedad, como los que aman tu nombre lo merecen.
133 Afirma con tu palabra mis pasos, no dejes que me domine algún mal.
135 Haz brillar tu faz sobre tu siervo y enséñame tus preceptos.
Evangelio: Mateo 5,13-16
En aquellos días dijo a sus discípulos: 13 Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por lo que se tira afuera y es pisoteada por la gente.
14 Ustedes son la luz del mundo: ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte? 15 Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa.
16 Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos

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