sábado, 30 de junio de 2007
LECTURAS
TIEMPO ORDINARIO 2007
Génesis 18,1-15; Salmo de Lucas 1,45-55; Mateo 8,5-17
No es para reírse.
Es muy común entre comediantes agarrarse con grupos de personas, y hacer de ellos objetos de repetidos chistes, para que la gente se ría. Una de los grupos más comunes de esto es por ejemplo, las suegras. Es difícil explicar porqué las han escogido o son objeto de chistes, tal vez sea porque toda vida nueva, que siempre el Señor nos ofrece, tenga su precio y cierta incomodidad. Tal vez esa es la razón por la que Sarai se ríe hoy en el relato del Génesis, cuando escucha a los tres misteriosos personajes anunciarle a Abram que va a tener un hijo, a la edad de noventa y nueve años.
También encontramos cierta inquietud en el encuentro de Jesús y el centurión: el maestro ambulante encuentra a un soldado del ejército que ocupa el país, y éste le suplica a Jesús. Lo que es más el centurión muestra un tremendo respeto y conoce que Jesús puede dar órdenes a distancia y ser obedecido. Jesús por otro lado se siente “admirado” de la profundidad de fe que encuentra en el centurión. Más que eso, el centurión es alabado sobre los judíos pro su fe. Y la suegra de Pedro también es curada, y podemos ver que Pedro se siente complacido con la curación de su suegra.
Dios siempre trae vida nueva al mundo. Lo sabemos aunque lo olvidamos, los caminos de Dios no son nuestros caminos, y vamos a encontrar que esto sucede contrario a lo que ordinariamente esperamos. ¿Cuál es la vida nueva que Dios nos ofrece hoy y que él desea darnos, nos reiremos de esto?
La liturgia nos ofrece una página bellísima donde se unen: la visita de la divinidad y la promesa de un hijo a una pareja estéril. (ver Jueves 13,8) La promesa es fruto del regalo de la hospitalidad ofrecida a tres misteriosos personajes. Lo difícil es establecer la relación de estas figuras con Yavhé. Los intérpretes judíos y cristianos ha intentado comprender la razón de que el texto hable “unas veces de tres hombres…” y otras de un solo, o de Dios. La tradición judía identifica a los tres hombres con tres ángeles cada uno con una función específica: Gabriel anuncia el nacimiento de Isaac, Miguel la destrucción de Sodoma y Gomorra y Rafael cura a Abram después de la circuncisión. De todos modos los ángeles son manifestación de Yavhé, una manifestación que ha sido leída con facilidad en clave cristiana como una velada anticipación del misterio trinitario.
La primera parte del relato muestra a Abram como modelo de hospitalidad, pero el centro de atención se encuentra en la segunda parte (9-16) que está centrada en la risa de Sarai ante la promesa de un hijo. En efecto Sarai ante el imposible nacimiento proyectado por Dios, cuando han desaparecido las condiciones humanas que lo harían posible, se muestra incrédula. Su escepticismo la convierte en figura del creyente que ante el misterioso obrar de Dios, puesto como se afirma (14) ¿Hay algo imposible para el Señor?” El “sí” de Dios choca con la mentira de la creatura que no solamente no cree sino que tiene miedo de asumir la responsabilidad de sus propios actos ante Dios y entonces, como un niño, miente.
El relato tiene sus pasos, comienza con la visita de Dios al hombre, una visita portadora de vida precisamente a un lugar en el que faltaba la fecundidad, prosigue con la mentira del hombre, que no sabe abrirse al don de manera espontánea. Y termina haciendo oír, exactamente un año después, la risa clara del pequeño Isaac, casi para recordar que Dios es magnánimo y mantiene su palabra sonriendo ante la incredulidad del hombre.
EL evangelio trae la curación del siervo del centurión, y el milagro pone de relieve la condición necesaria para que Dios obre: la fe.. El oficial sabe lo que es obedecer a una palabra, orden y cree que Jesús tiene autoridad para sanar también distancia. “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero di una sola palabra…” Estas palabras siguen resonando en la boca de los creyentes, llamados a acoger al Señor como huésped en el misterio eucarístico. Jesús exalta esta actitud de humilde y de fe, y acepta llevar a cabo lo que se le pide, afirmando que la fe anula toda distinción entre paganos y judíos. Añade aún que todos los que no crean en el Hijo del hombre, aun perteneciendo a la raza de Abraham serán excluidos del Reino.
Luego viene el episodio de la suegra de Pedro. Se trata de una mujer, por lo tanto, de la tercera categoría de personas excluidas del la plena partici-pación en el culto de Israel. Jesús entra en la casa coge a la suegra de Pedro por la mano y la sana. Y es sorprendente el hecho de que se levanta de la cama para servir de inmediato.. Esto para algunos intérpretes nos ayuda a comprender que, con Jesús, ha cambiado el culto: también la mujer puede ofrecer un servicio personal y directo al Señor. Ha sido curada, en efecto, para servir a los hermanos.
El pasaje termina diciendo “que Jesús curó a todos…” Su autoridad es absoluta, cura con una sola palabra con un simple contacto a todo hombre, idóneo para servir al Señor, algo que es consecuencia del hecho de que Jesús se hizo cargo de nuestros males en la cruz. Quien ama carga con el mal del amado. ¿Y quién nos ha amado más que Jesús?
Las palabras del Génesis: “¿Hay algo imposible para el Señor…?” son las palabras del Evangelio. Lucas nos la recuerda en el momento de la anunciación. Nuestro deseo sincero de adherirnos al Señor, de creer en él, se queda siempre corto comparado con la imprevisible iniciativa de Dios. Abrahán, padre de los creyentes, levanta los ojos y acoge con premura la inesperada visita de tres misteriosos personajes. Y Dios entra en la tienda del nómade y se deja hospedar. Un día, con el correr del tiempo, volverá a estar entre los hombres, pero deberá nacer en un establo. Abrahán lo acoge y prepara una comida y se la sirve. El mismo Dios se ofrecerá un día a los hombres el Pan verdadero bajado del cielo. El los hace reposar a la sombra de un árbol, un día el Padre nos hará reposar debajo del árbol de la cruz; nos dará otro Isaac, nacido de una Madre virgen… ¿Hay algo imposible para el Señor?
ORA Y REFLEXIONA: repite y vive la Palabra hoy: “Proclama mi alma la grandeza del Señor y exulta mi espíritu en Dios, mi salvador.” (Lucas 1,46)
ORACION
Dios querido, enséñanos a ser generosos como Abrahán, llenos de humor como Sara, fieles como el centurión, preparados a esperar en otros, como la suegra de Pedro, la curación que viene de ti. Amén
Génesis 18,1-15;
Yavhé se presentó a Abraham junto a los árboles de Mambré mientras estaba sentado a la entrada de su tienda, a la hora más calurosa del día.
Heb 13,2
Gén 15,4
Al levantar sus ojos, Abraham vio a tres hombres que estaban parados a poca distancia. En cuanto los vio, corrió hacia ellos y se postró en tierra, 3 diciendo: «Señor mío, si me haces el favor, te ruego que no pases al lado de tu servidor sin detenerte. 4 Les haré traer un poco de agua para que se laven los pies y descansen bajo estos árboles. 5 Les haré traer un poco de pan para que recuperen sus fuerzas, antes de proseguir su viaje, pues creo que para esto pasaron ustedes por mi casa.» Ellos respondieron: «Haz como has dicho.»
Abraham fue rápidamente a la tienda, donde estaba Sara, y le dijo: «¡De prisa, tres medidas de harina! amásala y haz unas tortas.» Luego él mismo corrió al potrero, tomó un ternero tierno y bueno y se lo entregó a un muchacho para que lo preparara inmediatamente. Luego buscó requesón, leche y el ternero ya cocinado y se lo presentó a ellos. El se quedó de pie a su lado, bajo el árbol, mientras comían. Entonces le preguntaron: «¿Dónde está Sara, tu esposa?» El les respondió: «Está dentro, en la tienda.» El otro le dijo: «Dentro de un año volveré por aquí, y para entonces Sara, tu mujer, tendrá un hijo.»
10 Sara estaba escuchando a la entrada de la tienda, a la espalda del que hablaba.
Gén 17,17
Rom 9,9
Abraham y Sara eran ancianos, bien entrados en años, y ella no tenía ya lo que le pasa ordinariamente a las mujeres. Sara se rió, mientras pensaba: «Cuando yo estoy seca, ¿voy a tener placer, con un marido tan viejo?» Pero Yavé dijo a Abraham: «¿Por qué se ha reído Sara? ¿Por qué ha dicho: Cómo voy a tener un hijo ahora que soy vieja?
Jer 32,17
Mt 19,26
Lc 1,36
Heb 11,11
¿Hay acaso algo imposible para Yavé? Pues bien, volveré a visitarte dentro de un año, y para entonces Sara tendrá un hijo.»
Sara trató de defenderse, pues tuvo miedo, y dijo: «Yo no me he reído.» Pero él contestó: «Cierto que te has reído.»
Salmo de Lucas 1,45-55;
María dijo entonces:
Lc 1,20
Jn 20,29
1Sam 2,1
46 Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
Lc 1,25
1Sam 1,11
porque se fijó en su humilde esclava,
Lc 1,25
1Sam 1,11
48 y desde ahora todas las generaciones me llamarán feliz.
El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí:
49 ¡Santo es su Nombre!
Muestra su misericordia siglo tras siglo
Is 57,15
Sal 103,17
Sal 111,9
Is 57,15
Sal 103,17
50 a todos aquellos que viven en su presencia.
Job 12,19
Dio un golpe con todo su poder:
Job 12,19
5deshizo a los soberbios y sus planes.
Ez 21,23
Sal 113,7
Derribó a los poderosos de sus tronos
Ez 21,23
Sal 113,7
52 y exaltó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
53 y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su siervo,
54 se acordó de su misericordia,
Miq 7,20
Sal 18,51
como lo había prometido a nuestros padres,
Miq 7,20
Sal 18,51
55 a Abraham y a sus descendientes para siempre.
Mateo 8,5-17
EN aquel tiempo al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, suplicándole: «Señor, mi muchacho está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente.» Jesús le dijo: «Yo iré a sanarlo.»
Lc 5,8
El centurión contestó: «Señor, ¿quién soy yo para que entres en mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanará. 9 Pues yo, que no soy más que un capitán, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le digo a uno: Vete, él se va; y si le digo a otro: Ven, él viene; y si ordeno a mi sirviente: Haz tal cosa, él la hace.»
Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe.
Lc 13,29
Yo se lo digo: vendrán muchos del oriente y del occidente para sentarse a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos,
Lc 13,28mientras que aquellos a quienes se destinaba el Reino serán echados a las tinieblas de afuera: allí será el llorar y rechinar de dientes.»
Génesis 18,1-15; Salmo de Lucas 1,45-55; Mateo 8,5-17
No es para reírse.
Es muy común entre comediantes agarrarse con grupos de personas, y hacer de ellos objetos de repetidos chistes, para que la gente se ría. Una de los grupos más comunes de esto es por ejemplo, las suegras. Es difícil explicar porqué las han escogido o son objeto de chistes, tal vez sea porque toda vida nueva, que siempre el Señor nos ofrece, tenga su precio y cierta incomodidad. Tal vez esa es la razón por la que Sarai se ríe hoy en el relato del Génesis, cuando escucha a los tres misteriosos personajes anunciarle a Abram que va a tener un hijo, a la edad de noventa y nueve años.
También encontramos cierta inquietud en el encuentro de Jesús y el centurión: el maestro ambulante encuentra a un soldado del ejército que ocupa el país, y éste le suplica a Jesús. Lo que es más el centurión muestra un tremendo respeto y conoce que Jesús puede dar órdenes a distancia y ser obedecido. Jesús por otro lado se siente “admirado” de la profundidad de fe que encuentra en el centurión. Más que eso, el centurión es alabado sobre los judíos pro su fe. Y la suegra de Pedro también es curada, y podemos ver que Pedro se siente complacido con la curación de su suegra.
Dios siempre trae vida nueva al mundo. Lo sabemos aunque lo olvidamos, los caminos de Dios no son nuestros caminos, y vamos a encontrar que esto sucede contrario a lo que ordinariamente esperamos. ¿Cuál es la vida nueva que Dios nos ofrece hoy y que él desea darnos, nos reiremos de esto?
La liturgia nos ofrece una página bellísima donde se unen: la visita de la divinidad y la promesa de un hijo a una pareja estéril. (ver Jueves 13,8) La promesa es fruto del regalo de la hospitalidad ofrecida a tres misteriosos personajes. Lo difícil es establecer la relación de estas figuras con Yavhé. Los intérpretes judíos y cristianos ha intentado comprender la razón de que el texto hable “unas veces de tres hombres…” y otras de un solo, o de Dios. La tradición judía identifica a los tres hombres con tres ángeles cada uno con una función específica: Gabriel anuncia el nacimiento de Isaac, Miguel la destrucción de Sodoma y Gomorra y Rafael cura a Abram después de la circuncisión. De todos modos los ángeles son manifestación de Yavhé, una manifestación que ha sido leída con facilidad en clave cristiana como una velada anticipación del misterio trinitario.
La primera parte del relato muestra a Abram como modelo de hospitalidad, pero el centro de atención se encuentra en la segunda parte (9-16) que está centrada en la risa de Sarai ante la promesa de un hijo. En efecto Sarai ante el imposible nacimiento proyectado por Dios, cuando han desaparecido las condiciones humanas que lo harían posible, se muestra incrédula. Su escepticismo la convierte en figura del creyente que ante el misterioso obrar de Dios, puesto como se afirma (14) ¿Hay algo imposible para el Señor?” El “sí” de Dios choca con la mentira de la creatura que no solamente no cree sino que tiene miedo de asumir la responsabilidad de sus propios actos ante Dios y entonces, como un niño, miente.
El relato tiene sus pasos, comienza con la visita de Dios al hombre, una visita portadora de vida precisamente a un lugar en el que faltaba la fecundidad, prosigue con la mentira del hombre, que no sabe abrirse al don de manera espontánea. Y termina haciendo oír, exactamente un año después, la risa clara del pequeño Isaac, casi para recordar que Dios es magnánimo y mantiene su palabra sonriendo ante la incredulidad del hombre.
EL evangelio trae la curación del siervo del centurión, y el milagro pone de relieve la condición necesaria para que Dios obre: la fe.. El oficial sabe lo que es obedecer a una palabra, orden y cree que Jesús tiene autoridad para sanar también distancia. “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero di una sola palabra…” Estas palabras siguen resonando en la boca de los creyentes, llamados a acoger al Señor como huésped en el misterio eucarístico. Jesús exalta esta actitud de humilde y de fe, y acepta llevar a cabo lo que se le pide, afirmando que la fe anula toda distinción entre paganos y judíos. Añade aún que todos los que no crean en el Hijo del hombre, aun perteneciendo a la raza de Abraham serán excluidos del Reino.
Luego viene el episodio de la suegra de Pedro. Se trata de una mujer, por lo tanto, de la tercera categoría de personas excluidas del la plena partici-pación en el culto de Israel. Jesús entra en la casa coge a la suegra de Pedro por la mano y la sana. Y es sorprendente el hecho de que se levanta de la cama para servir de inmediato.. Esto para algunos intérpretes nos ayuda a comprender que, con Jesús, ha cambiado el culto: también la mujer puede ofrecer un servicio personal y directo al Señor. Ha sido curada, en efecto, para servir a los hermanos.
El pasaje termina diciendo “que Jesús curó a todos…” Su autoridad es absoluta, cura con una sola palabra con un simple contacto a todo hombre, idóneo para servir al Señor, algo que es consecuencia del hecho de que Jesús se hizo cargo de nuestros males en la cruz. Quien ama carga con el mal del amado. ¿Y quién nos ha amado más que Jesús?
Las palabras del Génesis: “¿Hay algo imposible para el Señor…?” son las palabras del Evangelio. Lucas nos la recuerda en el momento de la anunciación. Nuestro deseo sincero de adherirnos al Señor, de creer en él, se queda siempre corto comparado con la imprevisible iniciativa de Dios. Abrahán, padre de los creyentes, levanta los ojos y acoge con premura la inesperada visita de tres misteriosos personajes. Y Dios entra en la tienda del nómade y se deja hospedar. Un día, con el correr del tiempo, volverá a estar entre los hombres, pero deberá nacer en un establo. Abrahán lo acoge y prepara una comida y se la sirve. El mismo Dios se ofrecerá un día a los hombres el Pan verdadero bajado del cielo. El los hace reposar a la sombra de un árbol, un día el Padre nos hará reposar debajo del árbol de la cruz; nos dará otro Isaac, nacido de una Madre virgen… ¿Hay algo imposible para el Señor?
ORA Y REFLEXIONA: repite y vive la Palabra hoy: “Proclama mi alma la grandeza del Señor y exulta mi espíritu en Dios, mi salvador.” (Lucas 1,46)
ORACION
Dios querido, enséñanos a ser generosos como Abrahán, llenos de humor como Sara, fieles como el centurión, preparados a esperar en otros, como la suegra de Pedro, la curación que viene de ti. Amén
Génesis 18,1-15;
Yavhé se presentó a Abraham junto a los árboles de Mambré mientras estaba sentado a la entrada de su tienda, a la hora más calurosa del día.
Heb 13,2
Gén 15,4
Al levantar sus ojos, Abraham vio a tres hombres que estaban parados a poca distancia. En cuanto los vio, corrió hacia ellos y se postró en tierra, 3 diciendo: «Señor mío, si me haces el favor, te ruego que no pases al lado de tu servidor sin detenerte. 4 Les haré traer un poco de agua para que se laven los pies y descansen bajo estos árboles. 5 Les haré traer un poco de pan para que recuperen sus fuerzas, antes de proseguir su viaje, pues creo que para esto pasaron ustedes por mi casa.» Ellos respondieron: «Haz como has dicho.»
Abraham fue rápidamente a la tienda, donde estaba Sara, y le dijo: «¡De prisa, tres medidas de harina! amásala y haz unas tortas.» Luego él mismo corrió al potrero, tomó un ternero tierno y bueno y se lo entregó a un muchacho para que lo preparara inmediatamente. Luego buscó requesón, leche y el ternero ya cocinado y se lo presentó a ellos. El se quedó de pie a su lado, bajo el árbol, mientras comían. Entonces le preguntaron: «¿Dónde está Sara, tu esposa?» El les respondió: «Está dentro, en la tienda.» El otro le dijo: «Dentro de un año volveré por aquí, y para entonces Sara, tu mujer, tendrá un hijo.»
10 Sara estaba escuchando a la entrada de la tienda, a la espalda del que hablaba.
Gén 17,17
Rom 9,9
Abraham y Sara eran ancianos, bien entrados en años, y ella no tenía ya lo que le pasa ordinariamente a las mujeres. Sara se rió, mientras pensaba: «Cuando yo estoy seca, ¿voy a tener placer, con un marido tan viejo?» Pero Yavé dijo a Abraham: «¿Por qué se ha reído Sara? ¿Por qué ha dicho: Cómo voy a tener un hijo ahora que soy vieja?
Jer 32,17
Mt 19,26
Lc 1,36
Heb 11,11
¿Hay acaso algo imposible para Yavé? Pues bien, volveré a visitarte dentro de un año, y para entonces Sara tendrá un hijo.»
Sara trató de defenderse, pues tuvo miedo, y dijo: «Yo no me he reído.» Pero él contestó: «Cierto que te has reído.»
Salmo de Lucas 1,45-55;
María dijo entonces:
Lc 1,20
Jn 20,29
1Sam 2,1
46 Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
Lc 1,25
1Sam 1,11
porque se fijó en su humilde esclava,
Lc 1,25
1Sam 1,11
48 y desde ahora todas las generaciones me llamarán feliz.
El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí:
49 ¡Santo es su Nombre!
Muestra su misericordia siglo tras siglo
Is 57,15
Sal 103,17
Sal 111,9
Is 57,15
Sal 103,17
50 a todos aquellos que viven en su presencia.
Job 12,19
Dio un golpe con todo su poder:
Job 12,19
5deshizo a los soberbios y sus planes.
Ez 21,23
Sal 113,7
Derribó a los poderosos de sus tronos
Ez 21,23
Sal 113,7
52 y exaltó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
53 y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su siervo,
54 se acordó de su misericordia,
Miq 7,20
Sal 18,51
como lo había prometido a nuestros padres,
Miq 7,20
Sal 18,51
55 a Abraham y a sus descendientes para siempre.
Mateo 8,5-17
EN aquel tiempo al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, suplicándole: «Señor, mi muchacho está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente.» Jesús le dijo: «Yo iré a sanarlo.»
Lc 5,8
El centurión contestó: «Señor, ¿quién soy yo para que entres en mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanará. 9 Pues yo, que no soy más que un capitán, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le digo a uno: Vete, él se va; y si le digo a otro: Ven, él viene; y si ordeno a mi sirviente: Haz tal cosa, él la hace.»
Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe.
Lc 13,29
Yo se lo digo: vendrán muchos del oriente y del occidente para sentarse a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos,
Lc 13,28mientras que aquellos a quienes se destinaba el Reino serán echados a las tinieblas de afuera: allí será el llorar y rechinar de dientes.»
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