Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



miércoles, 4 de julio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO

La fe y el miedo.

En la homilía del comienzo de su pontificado el Papa Juan Pablo II, en octubre del 1978, comenzó con las palabras de Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo…” Y luego de hablar de Jesús, el dijo las palabras que la historia recuerda: “No tengan miedo. Abran las puertas a Cristo. Que su poder abra las fronteras de las naciones, de los sistemas políticos y sociales, de los campos de la cultura, la civilización y el desarrollo. No tengan miedo!” Un joven sacerdote que escuchaba estas palabras dijo: “Los comunistas querían que tuviésemos miedo. Y después de estas palabras ya no tenemos más miedo…”

Cuando Jesús va a la tierra de Gadara, encuentra a estos dos endemoniados. Temerosos ante la presencia de Jesús, de alguna manera sabían quién era Jesús, y como Pedro dijeron: “Tú eres el Hijo de Dios.” Y querían que se fuera de allí. Después de la curación, los vecinos del lugar salen y tienen miedo. ¿Quién es éste con ese poder? Pero ellos no quisieron saber la respuesta. El miedo nos impide ver y descubrir.
Nuestras vidas están rodeadas de miedo, miedos verdaderos. Las naciones tienen miedo unas de otras, y se arman contra toda amenaza. Nuestras vidas están rodeadas de violencia, de enfermedades mentales, de discordia social, miedo a los desconocidos, los emigrantes, por ejemplo. Hay muchas razones para tener miedo. Pero no tenemos que defendernos con la espada. “Guarda la espada…” le dijo Jesús a Pedro. El reino de Dios se ganará sólo por las armas del amor y el poder de la verdad. Por eso, recordemos: “No tengan miedo…”

La primera lectura comienza diciendo que Abram tenía cien años cuando nace Isaac. Con lo que resulta evidente que el niño es obra del poder de Dios, que se manifiesta en la debilidad del ser humano. Parece un paralelo del capítulo 16 del Génesis. En él se manifiesta que el proyecto de Dios sigue adelante, a pesar de las mezquindades humanas; por otra parte, se da una vez más la explicación popular de los nombres de Isaac (Dios me hizo reír) (9) y de Ismael (Dios escucha) (17).

La ocasión del cumpleaños de Isaac, brinda la ocasión para comparar a los dos hijos de Abram. A diferencia del capítulo 16, aquí Ismael “juega” con Isaac, que suscita los celos de Sarai, que presiona a Abram para que aleje al hijo de la esclava (10). El versículo 12 es el punto central del relato: “No temas por el muchacho y la esclava; haz lo que te pide Sarai, porque la descendencia que llevará tu nombre será la de Isaac…” Dios apoya a Sarai; pero esto ilustra adecuadamente lo distintos que son los camino del Señor de los nuestros, Dios, en efecto, sabe sacar bien hasta del mal perseguido por los hombres.. Por eso invita a Abram a alejar a Ismael, que está destinado a ser cabeza de un gran pueblo, de una descendencia numerosa. Dios manifiesta también su identidad en el relato. El es, en efecto, “el que escucha”, clara referencia al nombre de Ismael, escucha el grito del pobre y el oprimido, en este caso, Agar y su hijo destinado a la muerte. Es importante observar que las palabras del ángel no son un milagro; se limitan a hacer que Agar vea el pozo. Esto anima a Agar y establece un futuro para Ismael, que también es protegido por el Señor. Se ven en el relato el futuro de dos pueblos, los ismaelitas y los israelitas, todavía unidos por un misterioso destino de enemistades y de historia compartida.

En el evangelio Mateo nos ofrece más que un milagro una demostración de autoridad y de poder de parte de Jesús que libera a los dos hombres domina-dos por espíritus inmundos.

Le gritan su fe en él “como Hijo de Dios” y al mismo tiempo de rabia porque se atreve a desafiarles entrando en su territorio, “Has venido aquí…” (29) poniendo fin a su completo dominio sobre los hombres; en Jesús se ha cumplido los tiempos (Marcos 1,15) de la derrota del enemigo.

El exorcismo de Jesús es una sola palabra: “Id…” a los cerdos, animales impuros y, no criados por los judíos. Se precipitan al mar, símbolo del mal, donde se ahogan.

El poder de Cristo es absoluto, pero no se impone por la fuerza. Los vecinos se encuentran con Jesús, pero temerosos de nuevas pérdidas económicas, prefieren alejar al Nazareno. Desgraciadamente nosotros podemos preferir convivir con nuestro mal antes que extirparlo de raíz. Nos resulta más fácil vivir atados a nuestras cadenas que vivir una libertad demasiado exigente.

Jesús nos propone caminos duros y exigentes, pero nunca “violenta” nuestra libertad. A nosotros nos corresponde elegir. ¡Qué importante es, por tanto, tomarnos el tiempo para evaluar que es realmente lo mejor para nosotros! Su palabra, incluso cuando nos incomoda, no es nunca para nuestra muerte, sino para la vida. La salvación es siempre gratuita, es un don, pero, según la afirmación de San Agustín, el Dios que nos ha creado sin nosotros, no puede salvarnos sin que nosotros lo queramos. Si le decimos “sí” nos daremos cuenta que siempre está dispuesto, no sólo a darnos más de cuanto nos hemos sacrificado, sino que vencerá en su raíz todos nuestros miedos, porque él ha vencido la muerte y nos introduce en el reino ilimitado de la vida, de su amor. La voluntad de Dios es siempre amor “porque Dios es amor…” (1 Juan 6,16) Dios nos ama como hijos, y es Padre por excelencia, del que deriva toda paternidad. El nos guía durante toda nuestra vida con la luz incomparable de su amor paterno.

ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Yo, como verde olivo en la casa del Señor, confío en el amor de Dios para siempre jamás.” (Salmo 51,10)

ORACION
Padre del cielo, escucha nuestra oración. Por la fe hemos conocido a tu Hijo, Jesucristo. Fortalécenos en tu gracia, líbranos del mal, ayúdanos a estar libres del miedo y a vivir en tu amor, por Cristo, nuestro Señor. Amén

No hay comentarios.: