Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



martes, 31 de julio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007

La oración: dos caminos de comunicación

En 1910 ocurrió un tremendo crimen en Londres. El Dr. Crippen, un americano que trabajaba allí, asesinó a su esposa para vivir con su amante. Los amigos sospecharon, pero cuando la policía registró la casa del doctor no encontró nada. Pero cuando el doctor tuvo miedo y huyó con su amante, la policía registró de nuevo el apartamento y encontraron el cadáver de la esposa. El capitán del barco, en que huyeron, reconoció a la pareja y avisó por radio a la policía. Un detective los siguió en barco más rápido y arrestó al doctor y su amante en Canadá. Fue la primera vez que se usó la radio para perseguir a un asesino.

El milagro de la radio permite, podemos decir, a las personas “hablar cara a cara” a la distancia. Hoy día no le damos mucha importancia a los medios de comunicación, por nuestra familiaridad con ellos, pero nos pueden ayudar a entender la íntima relación de Dios con Moisés. Ellos hablaban “cara a cara” a través de las ondas espirituales, podríamos decir. Moisés tenía una directa conversación personal con Dios. Jesús, que vivió en medio de nosotros nos promete que estará con nosotros siempre, y animó a los discípulos a tratar a Dios el Padre de una manera íntima, como un padre a quien ellos podían expresarle su amor y también sus pedidos de ayuda.
Nosotros rara vez recibimos una respuesta inmediata cuando el rezamos a Dios. Por eso es que dudamos que nuestro mensaje no llega a Dios. Pero el mensaje siempre llega a Dios y es escuchado. Moisés se mantuvo a tono con Dios y hacía lo que Dios le decía. Y esta es la manera cómo podemos mantener la comunicación con Dios abierta y desarrollar una conversación llena de sentido que transforma nuestra oración en una rica relación.

EL texto que leímos en la primera lectura pertenece al tiempo del reino de Judá y viene de dos tradiciones distintas. Tratan de la alianza renovada por parte del Señor a través de un acto de renovación permanente del culto. A pesar del pecado del pueblo, el Señor, siempre misericordioso y lleno de amor, permanece cerca de su pueblo, a quien eligió a través de Moisés. Este, toma la “tienda del encuentro”, o sea el lugar del culto y lo coloca fuera del campamento, para indicar que Dios no puede vivir en plena compañía con los hombres pecadores, aunque siempre está listo y disponible para los que se dirigen a él con ánimo renovado y penitente. Todos los que reconocían su culpa podían entrar en amistad con Dios, ir a la tienda y hablar con Dios, como los hacía el intercesor, Moisés, que hablaba a Dios cara a cara, como un amigo habla con un amigo y como su ayudante Josué “que no se separaba de la tienda”. (11)

En resumen, Dios, que se revela a Moisés como Dios de misericordia, quiere enseñar a su pueblo de este modo que el lugar de la alianza no es el Sinaí ni otro lugar material; el verdadero espacio del culto se sitúa en el hecho de reconocernos pecadores y acoger su misericordia, pues se manifiesta en cada situación concreta y a través de los hombres y personas santas y amigas de Dios. Sólo estos mediadores pueden pronunciar el nombre del Señor sobre el pueblo y hacerle así presente con sus atributos de benevolencia, misericordia y compasión. EL Señor ha elegido para siempre a su pueblo, pero sigue siendo también aquel que perdona y hace justicia, que se manifiesta en el castigo y en la gracia y nos llama a volver a la alianza renovada.

La parábola del trigo y la cizaña encuentra su explicación entre la contraposición entre dos bandos capitaneados por el divino sembrador y el sembrador malvado. El punto central del mensaje, no es sólo la necesaria convivencia del trigo y la cizaña, sino la diferente suerte que corren los buenos, los hijos del Reino, y los malos, los hijos del maligno. La pregunta de fondo a la que pretende responder la parábola es la de siempre, tanto expresada por las primeras comunidades cristianas, como la que nos hacemos nosotros hoy: ¿por qué hay malos cristianos en la comunidad creyente? Se dan dos razones: la primera es que la siembra ha sido hecha al mismo tiempo tanto por Dios como por el maligno, y la segunda es que el tiempo de la separación es reservado sólo a Dios. La vida del hombre es el tiempo en que todo creyente debe hacer su decisión. La convivencia con los malos no es causa de pesimismo, Dios la tolera e impide a aquellos que son demasiado exigentes “eliminar” a los malos con la excusa de acabar con el mal; por el contrario, los buenos deben compartir con los pecadores y vencer así el mal con el bien. Sólo al final de la vida vendrá la siega (39), esto es el juicio de Dios. En este momento aparecerá clara la suerte reservada “a todos los que fueron causa de tropiezo” (41) y “a los justos” (43) cuando Cristo glorioso se levante como juez supremo con sus ángeles y purifique a su Iglesia del mal. Esto es señal de aliento para los creyentes que deben hacer frente en la vida diaria las dificultades y pruebas de todo tipo.

Podemos unir las dos lecturas. En la primera se revela al Dios, revelado en el Antiguo Testamento, en efecto, Dios habla con Moisés “cara a cara como un hombre habla con sus amigo". (Éxodo 33,11). Esto admira al pueblo más acostumbrado a la distancia de Dios que a su proximidad. Naturalmente que Moisés no llegó a la familiaridad que Jesús vivió con Dios, una familiaridad que él inculcó a sus amigos. En efecto, Jesús se atrevió a invocar a Dios con el afectuoso nombre de “padre” (Marcos 14,36; Romanos 8,15 y Gálatas 4,6), una expresión que se usaba en la intimidad de la familia para dirigirse al propio padre y que ningún judío de su tiempo se hubiera atrevido a usar en sus relaciones con Dios. Jesús quería que todos vivieran en la presencia de Dios, como ante aquel “Dios celemente y misericordioso y compasivo, paciente, lleno de amor y fiel, que había pasado ante Moisés revelándole su nombre”. (Éxodo 34,6). ¿Hemos dejado que la cizaña ahogue la buena semilla? En efecto, con frecuencia el Dios-Abba tierno y misericordioso es sustituido por otros dioses que no tienen nada que ver con Aquel cuyo rostro se nos ha revelado en Jesús. Y nos crean actitudes que andan lejos de las que Jesús vivió intensamente e inculcó a sus discípulos.

ORA Y REFELXIONA: repite y vive la Palabra: “El que siembra es Cristo: quien la encuentra tiene la vida eterna”. (Mateo 13,37)

ORACION
Gracias, Señor, porque siempre nos escuchas y nunca dejas de responder-nos de una manera u otra. Acércate a nosotros para que siempre podamos pedir lo que es justo y recibir de ti la ayuda y la orientación que necesitamos. Amén.

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