Moisés bajó del monte y contó al pueblo todas estas palabras de Yavé y todas sus leyes. Contestaron de una sola voz: «Nosotros cumpliremos con todo lo que Yavé ha dicho.»
Y Moisés puso por escrito todas las palabras de Yavé.
Al despuntar el día, Moisés levantó un altar al pie del monte y, al lado del altar, doce piedras por las doce tribus de Israel. Luego mandó algunos jóvenes para que ofrecieran víctimas consumidas por el fuego y sacrificaran novillos como sacrificios de comunión.
Moisés tomó la mitad de la sangre y la echó en vasijas; con la otra mitad roció el altar. Después tomó el libro de la Alianza y lo leyó en presencia del pueblo. Respondieron: «Obedeceremos a Yavé y haremos todo lo que él pide.»
Entonces Moisés tomó la sangre con la que roció el pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la Alianza que Yavé ha hecho con ustedes, conforme a todos estos compromisos.»
Salmo 49, 1-2,5-6,14-15
Yavé, el Dios de los dioses, ha hablado:
desde donde sale el sol hasta el ocaso,
ha convocado a la tierra.
Desde Sión, la muy hermosa, Dios refulge:
«Reúnan a mis fieles ante mí,
que con un sacrificio sellaron mi alianza.»
Serán los cielos los que anuncien la sentencia,
porque el juez es Dios mismo:
Pero dale gracias a Dios con sacrificios,
y cumple tus mandas al Altísimo;
invócame en el día de la angustia,
te libraré y tú me darás gloria.
Mateo 13,24-30
Jesús les propuso otra parábola: «Aquí tienen una figura del Rei no de los Cielos. Un hombre sembró buena semilla en su campo, 25 pero mientras la gente estaba durmiendo, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
26 Cuando el trigo creció y empezó a echar espigas, apareció también la cizaña. 27 Entonces los servidores fueron a decirle al patrón: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, viene esa cizaña?» 28 Respondió el patrón: «Eso es obra de un enemigo.» Los obreros le preguntaron: «¿Quieres que arranquemos la cizaña?» 29 «No, dijo el patrón, pues al quitar la cizaña podrían arrancar también el trigo.
30 Déjenlos crecer juntos hasta la hora de la cosecha. Entonces diré a los segadores: Corten primero la cizaña, hagan fardos y arrójenlos al fuego. Después cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas.»

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