Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



sábado, 28 de julio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO

Ser buena semilla.

Todo lo que se necesita para que triunfe el mal es que los buenos no hagan nada.” Lo sabemos, las personas que hacen el bien son más numerosas que las que hacen el mal, pero los malos prevalecen en muchas esferas de la sociedad y a veces gana y hacen más ruido..
La parábola de la cizaña nos muestra como el mal se mezcla con el bien, y nos dice que el mal debe ser arrancado eventualmente. La historia la enten-daron inmediatamente los oyentes de Jesús. La cizaña se parece al trigo, pero cuando madura es cuando aparece por lo que realmente es, luce idéntica al trigo, pero es un grano venososo. Hay que tener paciencia para arrancarla, pero al final se saca y se destruye.

La paciencia de Dios da la oportunidad para crecer y florecer y volverse buen trigo y no cizaña venenosa. El juicio de Dios no es apresurado pero llega, y Dios premiará a cada uno de acuerdo a lo que han sembrado y cosechado. ¿Dejamos que la palabra de Dios eche raíces en nuestro corazón? Ser buenos no es evitar el mal, sino trabajar por el bien común.

La primera lectura de hoy, describe la alianza del Sinaí y la buena dispo-sición del pueblo para escuchar la Palabra de Dios. La sangre era un elemento usado en los ritos de las alianzas entre los pueblos, y aquí se usa en la alianza de Dios con el pueblo. Y estos ritos expresaban la intención del corazón y la promesa de la fidelidad al pacto establecido. Se requería luego, una afirmación explícita de mantener la alianza: “Obedeceremos y cumpliremos todo lo que ha dicho el Señor.” (7). Moisés refiere al pueblo la voluntad de Dios y la respuesta unánime, afirmativa, de Israel en el sentido de cumplir los mandamiento de Dios. En ese momento de fervor, impresionado aún por el espectáculo de la misteriosa y terrible epifanía de Dios el pueblo aceptar escuchar la voz de Dios y cumplir sus mandamientos. Los antiguos, conscientes de la fragilidad del corazón y de las buenas intenciones manifestadas en un momento determi-nado, quisieron introducir, en el rito de la alianza, una ratificación externa, simbólica: la de la aspersión con sangre tanto el altar como las personas que establecían la lianza. Moisés intercesor y mediador entre Dios e Israel, pretende unir a Dios y a su pueblo con el rito de la aspersión de sangre, la mitad de la sangre derramada sobre el altar y la otra mitad sobre el pueblo. Este gesto simbolizaba la recíproca fidelidad de las partes, sancionada por la sangre de la misma víctima que las une. La infidelidad de una de las partes supondría la ruptura de la alianza.

En el evangelio de hoy, la parábola de la cizaña es una de las más claras, tomada de la realidad agrícola, incluso de los que tienen jardines que siempre tienen que luchar contra las malas hierbas.

La parábola refleja la realidad que acontece en la vida del hombre. Dios ha querido al hombre bueno, y especialmente cuando el hombre ha sido educado en la fe cristiana, posee todo los medos que pueden hacer de él un auténtico creyente, alguien que refleja la imagen divina. Ahora bien, en el camino aparece el tentador, la fuerza del mal y causa estragos en lo que era una realidad positiva y prometedora. La ruina del hombre es evidente. La reacción de los siervos es espontánea. Eso es lo que aconsejaría un celo precipitado. Jesús se opone a esta reacción demasiado humana y hace ver los peligros de esta actitud intransigente: existe el peligro de arrancar el buen grano junto con la cizaña.

Hay dos enseñanzas en la parábola: 1) la invasión devastadora del mal y 2) la tolerancia del mal en el mundo, es decir, saber aceptar esta triste realidad, aunque sin admitirla en nuestro propio corazón y sin querer arrancarlo con medios violentos. La convivencia entre el bien y el mal ayuda al que el bien sea más bueno, más auténtico, más probado, más convencido y más fuerte. El cristiano, con la ayuda de Dios, podrá superar el mal, vencerlo y al mismo tiempo ser tolerante, paciente, mostrarse esperanzado en el triunfo del bien sobre el mal. El juicio sólo le corresponde a Dios. A nosotros nos corresponde la fidelidad y la confianza.

Las lecturas nos ofrecen ideas de una importancia enorme para proporcionar al creyente actitudes fundamentales en su comportamiento.

La primera: la de la aceptación de la voluntad de Dios. Esa voluntad no se manifiesta sólo en los mandamientos, sino que es todo un conjunto de dispo-siciones divinas dirigidas a nosotros y para nuestro bien. Esto incluye, antes que nada, su designio sobre cada uno de nosotros, una llamada y vocación personal, a la que hemos de responder con obediencia y fidelidad a todo lo que Dios ha querido darnos.
La otra actitud es la de la alianza, sentidos unidos a Dios por vínculos de afecto y amistad, tener un sentido de pertenencia y devoción a Dios que haga espontánea, natural, nuestra relación confiada con él manifestada en una vida de gozosa sumisión y una fidelidad constantemente renovada.

Y una tercera actitud, que brota del Evangelio, y es la de tolerancia, la de saber esperar, la de no salir con rápidas condenas o exclusiones en la convivencia entre las personas. La parábola dice que, aunque defendiéndoos del mal, el cristiano está llamado a convivir con él, con el riesgo (y la experiencia) del peligro de la caída. Nos recuerda que el juicio sobre el mal le corresponde sólo a Dios. El mal sirve para probar la autenticidad de la fe y de la vida. La prisa, la impaciencia y el puritanismo, han traído consigo muchos males a la Iglesia y a los fieles en particular. El poeta hindú Tagore decía: “Si cierras la puerta a todos los errores, dejarás fuera también a la verdad.”

ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive la Palabra: “Tu Palabra es lámpara para mis pies y luz para mis sendas.” (Salmo 118,105)



ORACION
Señor, que tu Palabra eche raíz en nuestro corazón y de buen fruto para tu gloria. Que tengamos hambre y trabajemos por la paz y la justicia, para que demos buenos frutos como buenas semillas. Amén.

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