Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



viernes, 20 de julio de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007

Ver las cosas con ojos claros

Si miramos el evangelio con los ojos del negocio y del comercio, de la competencia y la productividad, vemos que Jesús es un fracaso. Elige como construir su reino a los más incultos y rudos, los pescadores de mar de Galilea; prefiere una oveja a las otras 99. No tiene sentido del dinero, en la parábola la mujer que había perdido una moneda gastó más de lo había encontrado en hacer una fiesta para sus amigas, y exige a sus discípulos venderlo todo y darlo a los pobres.
Eso es lo que les pasa a los fariseos hoy, ellos tenían su propio modo de interpretar las Escrituras. Observan los mínimos detalles de sus inter-pretaciones que se vuelven para ellos un ídolo. Jesús es una amenaza para su seguridad, les cita al profeta Oseas. Les dice que a pesar que siguen sus prácticas religiosas no encuentran gozo en ello, ellos se ven como un fin en sí mismos. Porque sus corazones estaban cerrados a Dios, ellos estaban cerrados para su prójimo. No eran compasivos. Pero ¡ojo! La posición de los fariseos puede ser una advertencia para nosotros por el peligro de la observancia religiosa, porque sin amor a Dios y al prójimo, la observancia religiosa se vuelve un fin en sí misma. De ahí que usamos la palabra fariseísmo.
El relato de la primera lectura supone el consentimiento otorgado por el faraón para que los hebreos salieran del país, tras las muchas plagas infligidas a Egipto, precisamente por la negativa del faraón, las diez plagas que el leccionario omite. El relato de hoy constituye el rito tradicional de lo que Moisés prescribió para “esa noche” que recuerda algo “memorable”, “un memorial” (12,14) la liberación en la noche de la Pascua. Este rito sigue siendo el centro de la pascua judía hoy, y también marca la celebración de Jesús, que es el centro de nuestra misa, aunque celebramos otro acontecimiento, otra liberación. El punto central del relato es la referencia al cordero pascual: en él se describen las cualidades y las condiciones y el rito del sacrificio, de la comida ritual y la eficacia de la sangre con que se marcan las puertas. Gracia a la sangre se llevará a cabo la liberación: el ángel exterminador pasará de largo y no usara con ellos el flagelo de la muerte (12,12ss) La sangre del cordero marcó la liberación y es la figura de la liberación que será realidad en Jesús” Cordero de Dios que quita el pecado del mundo…” (Juan 1,29)

Todos los detalles evocan una realidad vivida por el pueblo aquella noche y que ahora revive la comunidad cristiana. La importancia del memorial está no sólo en el hecho que evoca el acontecimiento, sino en el hecho se sentirse implicados en el acontecimiento, que salva y transforma.

El hecho de las espigas arrancadas por los discípulos es uno de los más conocido del evangelio y uno de los más significativos desde el punto de vista del espíritu cristiano. Se trata de una historia donde Jesús defiende a los discípulos, a enseñar el verdadero sentido de las cosas y de la misma Escritura, que le permite a Jesús proclamarse “señor del sábado” (8) y mayor que el templo de Jerusalén.

Jesús, conocedor de la Escritura, la usa para apoyarse en su argumentación y cita el caso del rey David, que, en momento de necesidad, junto con sus compañeros, comió los panes reservado a los sacerdotes (1 Samuel 21,1-10) Y brinda otro argumento, el de los sacerdotes al cumplir sus ritos en el día sábado, que rompen el descanso mandado precisamente en razón de la acciones litúrgicas. En consecuencia, la misma ley, cuando se trata de un motivo suficiente, tanto para la gloria de Dios y el bien de la comunidad, puede ser rota. La ley no es un fin en sí misma, como pretendían los fariseos,; es un medio puesto por Dios para el bien de los hombres. Por consiguiente la ley tiene una importancia relativa.

A continuación Jesús se declara superior al templo y al sábado; estas palabras suenan blasfemas a los oídos de los fariseos, que quedan escan-dalizados. Jesús no retrocede, ni atenúa sus enseñanzas: él posee una autoridad, una plenitud, una verdad y una novedad que se explican por su autoridad mesiánica y divina, oculta a los ojos cerrados de sus adversarios. Recurriendo a una frase de Oseas 6,6, Jesús recrimina a los fariseos su dureza de corazón al condenar a los discípulos. Su dureza de corazón va acompañada de su ceguera. Jesús afirma que lo único que cuenta de verdad en la Ley de Dios es la misericordia no los sacrificios rituales.

Esto nos proclama que Jesús es el amigo del hombre, su verdadero salvador y liberador. Jesús nos ha mostrado el auténtico sentido de la vida humana y ha mostrado la importancia y dignidad, superiores a cualquier cosas, ley o precepción, incluso religiosa. Marcos añade al narrar el episodio, las palabras de Jesús: “El sábado ha sido hecho para el hombre, no el hombre para el sábado…” 2,27). Es una frase liberadora que pone en su lugar justo a las personas y las cosas, ordenando las cosas al servicio de las personas.

La religión se puede convertir a veces, en carga y opresión, en esclavitud. Sin el Espíritu de Dios se vuelve una carga y maldición de la que debe liberarse el cristiano, porque “Cristo nos ha rescatado de la maldición de la ley…” escribe Pablo en Gálatas 3,13. Cristo ha roto todas cadenas que ataban y esclavizaban al hombre y Pablo añade: “para que seamos libres, nos ha liberado Cristo. Permaneced , pues, firmes y no os dejéis someter de nuevo al yugo de la esclavitud…” (Gálatas 5,1) Con esta liberación Cristo nos ha dado la libertad interior y con ella el verdadero creyente, bajo la acción del Espíritu Santo, construye la personalidad cristiana. Un detalle: sólo el corazón bueno es capaz de comprender el verdadero sentido de la ley, que mira a la gloria de Dios y al bien del hombre; y es capaz de comprender asimismo que solo en la misericordia y en la bondad con el prójimo se encuentra el hilo conductor de la auténtica voluntad divina.
Para eso se necesita orar y reflexionar.

ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Para que seamos libres, nos ha liberado Cristo…” (Gálatas 5,1)

ORACION
Señor, no dejes que nuestros ojos sean engañados y nuestros oídos sordos por ninguna enseñanza ajena a tu verdad. Sobre todo enséñanos a ser misericordiosos y bondadosos con todos, como tú lo eres con nosotros. Amén

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