Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



jueves, 9 de agosto de 2007

HOMILIA Y LECTURA

Tiempo Ordinario 2007

Bases firmes

Hay personas en la historia que hoy son casi olvidadas, pero tuvieron su importancia en su tiempo, y en su país de origen. Hoy se cumplen 250 años del nacimiento de un ingeniero inglés que nos puede ilustrar las lecturas de hoy. Este hombre Thomas Telford, creó puentes y caminos, rutas y canales a través de Europa e Inglaterra en su tiempo. Una de sus obras maestras fue un puente suspendido sobre un estrecho en el norte de Inglaterra. La ruta fue construida sobre el lecho de grandes rocas y el puente colgó de dos torres de concreto, porque él entendió que cualquier construcción necesitaba una base fuerte.

Y esto fue exactamente lo que Jesús dice en su declaración de que Pedro era la roca en la cual se iba a fundar la iglesia. Jesús no estaba diciendo que Pedro tenía preeminencia entre los apóstoles. Pedro fue en realidad el primero de los apóstoles en predicar a los no-judíos. Pero Pedro tenía también su base segura: su confesión de fe acerca de Jesús “el Hijo de Dios vivo.” Sin la confianza de que Jesús, crucificado y resucitado, era el Dios encarnado, Pedro nunca hubiera sido el pionero del evangelio que fue.

La base de Pedro puede ser la nuestra también. Cuando nuestra fe es probada y puesta en cuestión, cuando nos sentimos débiles y inadecuados en el servicio de Dios, cuando sentimos que las tormentas de la vida nos sacuden, necesitamos una base firme de fe. Simplemente confesando que Cristo es el Señor, el Señor del mundo, nuestro Señor como discípulos, esto es lo que no da una base segura. Ni el cielo ni la tierra pueden prevalecer contra nosotros. Jesús es nuestra verdadera seguridad, en esta vida y en la otra.

El texto de hoy, en la primera lectura, vuelve a recordarnos un episodio que leímos en el libro del Éxodo (17,1-17) que pertenece a la tradición sacerdotal; el lugar es diferente, aquí es en Cadés allá era Masa y Meribá, el lugar de las murmuraciones y la prueba. Los dos líderes, Moisés y Aarón tienen que vérselas con las murmuraciones del pueblo. En el Éxodo era por cuestión del maná, aquí es la falta de agua. De nuevo aparecen lamentaciones y maldi-ciones, y la insoportable acusación a los dos líderes que los trajeron al de-sierto, aunque en realidad la protesta es contra Dios. Aquí también ambos se dirigen a la tienda de la reunión, lugar visible de la proximidad y presencia de Dios. También aquí, el Dios que camina con el pueblo ofrece un remedio a la sequía: ordena a Moisés que golpee la roca con el bastón y brota de ella agua en abundancia tanto para el pueblo como para el ganado. Pero aquí se agrega un detalle al relato del Éxodo 17,1-17, la duda de Moisés y Aarón al ejecutar la orden del Señor, aunque el texto no lo diga de una manera explícita. Se habla del castigo por su incredulidad y se anticipa la suerte de Moisés y Aarón: no entrarán en la tierra prometida. La conclusión del episodio, señalada por el texto (13) es importante: los israelitas se han atrevido a oponerse a su Dios, pero éste es un Dios santo y fiel.

Pablo va a hacer referencia al episodio del maná y el agua, y lo aplica a la vida cristiana: “Todos comieron del alimento espiritual, todos bebieron de la bebida espiritual… Sin embargo la mayor parte de ellos no agradó a Dios y fueron por ello aniquilados en el desierto…” (1 Corintios 10,3-5) Se trata de una invitación a permanecer fieles al Señor hasta el final.

El evangelio nos trae la confesión de Pedro. Se desarrolla en cuatro momentos. El primero la pregunta de Jesús, el segundo la respuesta de los apóstoles y de Pedro, portavoz de los discípulos, con su acto de fe en Cristo, el Hijo de Dios vivo. Viene a continuación la promesa hecha a Pedro, y en él a los que le sucedan como cabeza de la Iglesia. Y termina con un episodio de los más enigmático, Pedro quiere convencer a Jesús de su destino y el reproche de Jesús con palabras bien duras: “Ponte detrás de mi Satanás. Eres para mi un obstáculo.” (23).

El marco del episodio según los entendidos en un lugar en las fuentes del Jordán, en Banias, en la que se encuentra una gran piedra, evocada por Jesús en la frase que le dirige a Pedro. Pedro es el portavoz de los apóstoles. Sus palabras contienen los títulos de Jesús, Mesías e Hijo de Dios (16) Las palabras de Jesús, que son fruto de la gracia del Padre, expresan el aprecio de la confesión del jefe de los discípulos y el cambio de nombre: piedra, Pedro. Y traen consigo una serie de promesas, sobre Pedro y sobre la roca de su fe edifica Jesús la casa, el templo de su asamblea. Hay una referencia al nuevo templo “reedificaré” (18) donde se reúne la nueva asamblea de Dios. Por lo tanto, Pedro es el fundamento y centro de la unidad. Pero Pedro, tiene a su vez como fundamento a Cristo, pues es Cristo el centro de la comunión eclesial. Pero Jesús le exige a Pedro fidelidad y aceptación de su destino de cruz y de gloria.

Si unimos los dos episodios, ambos se desarrollan entre murmuraciones y el actos de fe y la duda. En el primero encontramos un pueblo en rebelión con Moisés y Dios. Y la prueba, la sublevación se difunden como la peste entre la gente, pero Dios es paciente con nosotros y deja que la tentación nos pruebe y es el porqué deque pedimos en el Padrenuestro, que no caigamos en tentación, que Dios no nos someta a la prueba, que es también un momento de verdad. También Dios nos da una respuesta válida, no permite que seamos tentados sobre nuestros fuerzas.

La confesión de Pedro nos coloca en la dirección apropiada a nuestra adhesión a Cristo, el Hijo de Dios vivo. En torno a Pedro y sus sucesores nos convertimos en Iglesia, asamblea basada en la fe en Cristo. Algo que debemos reflexionar: debemos creer en la Iglesia, no solo a la Iglesia, Creer en la Iglesia es acogerla como don de Cristo y amarla, sentirla como algo nuestro, como algo vivo; Y si fuera necesario sufrir a causa de la Iglesia, sin perder nunca de vista al Señor de la Iglesia, sin poner como prioridad sólo a la Iglesia del Señor.

ORAR Y REFLEXIONAR: repite con frecuencia y vive la Palabra: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor.” (Liturgia de la Iglesia)

ORACION

Se damos gracias, Padre, por la roca firme de la fe que es la vida, muerte y resurrección de Jesús. Gracias, también, por la roca de la fe que nos dejaron Pedro y los apóstoles. Concédenos permanecer firmes en esa roca firme de nuestra fe. Por Cristo, el Señor. Amén.

No hay comentarios.: