La base de la santidad es el servicio.
San Lorenzo es un Santo venerado en toda la Iglesia, aunque conocemos muy poco de su vida. Sabemos que fue ejecutado por su fe cristiana en la presecución del emperador Valerio en la mitad del siglo III. El fue un diácono de la Iglesia de Roma y del Papa Sixto II, que fue ejecutado unos días antes que Lorenzo. Según la tradición, el emperador creía que Iglesia era rica, y le ordenó traerle las riquezas de la Iglesia. Lorenzo le llevó una multitud de pobres y enfermos a los que él llamó: “la riqueza de la iglesia.”
No hay ninguna duda que Lorenzo vivió al servicio de los demás y por eso es tenido hoy como un ejemplo para los creyentes. El evangelio se refiere hoy a la imagen de la semilla que debe morir, destruirse para dar fruto, debe dejar de ser semillas para convertirse en arbusto o árbol. Representa la forma de toda entrega, sea el martirio-testimonio, como en el caso de Lorenzo, o sea el simple sacrifico demostrado en el servicio. Por eso cuando Jesús habla “de odiar la propia vida” no quiere decir que nuestra vida es miserable o tenemos que buscar un pronta muerte, sino que tenemos que valorar el servicio a Dios y al prójimo, como el valor más grande opuesto a la comodidad y confort de la vida.
La mayoría de nosotros no seremos llamados a dar la vida como Lorenzo, una historia, dice que fue asado vivo, pero algunos cristianos van y son perseguidos por su fe y fidelidad al Señor. Nada nuevo, para un cristiano. Todos estamos llamados a servir, poniendo el interés y conveniencia personal en último lugar. El servicio es la base de la santidad y del ser cada día un discípulo. De esto tenemos que llenar nuestra imaginación, eso del “ora y reflexiona”. Y llenarnos la imaginación de esta verdad significa hacer realidad lo de Jesús, “allí donde está tu tesoro está tu corazón,” servir a los otros como Cristo y los santos nos han servido, sin preguntarse en el precio.
La Carta de Pablo lo expresa diciendo “de dar no por obligación sino con generosidad porque Dios ama al que da con alegría.” Y como consecuencia “tener lo suficiente e incluso el hacer toda clase de buenas obras…” De Lorenzo de pueden decir las palabras de Pablo hoy : “Distribuyó con largueza sus bienes a los pobres, su generosidad, su santidad, permanece para siempre.”
Son muchas las pobrezas humanas: espirituales, materiales, culturales y morales del mundo de hoy. No hay ninguna de ellas que no se puedan llenar con la caridad y el servicio. Dios mismo se muestra espléndido, como fuente del amor, lo vemos en la Trinidad, es la expresión más elevada de fecundidad en sus frutos de amor. Y por consiguiente nosotros, sus creaturas, nos convertimos en instrumento. Cuando más damos más gozamos del amor divino, porque este amor se muestra en la largueza con que demos. Dios mismo, y este es el pensamiento de Pablo, cultivará cuanto sembremos y hará fructificar nuestras obras realizadas con amor.
El evangelio va en la misma línea con la imagen de la semilla que cae en tierra, que bien claro significa entrar en la acción de Jesús de “servir”. Servir dice Pablo es “reinar” en él con él en el corazón del Padre y esto hace que el Padre se complazca en su Hijo, Jesús y en sus hijos, nosotros. Servir al Hijo es asociarnos a él y a su obra redentora, y al mismo tiempo nos muestra Jesús las exigencias de esta entrega: el seguimiento por amor al Padre y al hombre hace que Jesús se entregue a sí mismo y de su propia vida destinada a ser fecunda y para nosotros debe ser lo mismo porque hemos sido llamados a perpetuar en el tiempo, en el hoy y aquí de nuestras vidas, el acto de amor de Jesús, que es un acto salvador.
Cuando el Papa Juan pablo II recordó a los mártires del siglo XX, usó estas palabras del Evangelio de Juan que hemos leído y dijo: “Se trata de una verdad que frecuentemente el mundo contemporáneo rechaza y desprecia, haciendo el amor a sí mismo el criterio supremo de la existencia. Pero los testigos de la fe, que también nos hablan con su ejemplo, no buscaron su propio interés, su propio bienestar, la propia supervivencia, como valores más grandes que la fidelidad al Evangelio. Incluso en su debilidad, ellos opusieron firme resistencia al mal. En su fragilidad resplandeció la fuerza de la fe y de la gracia.” (Homilía, 7 de mayo del 2000)
San Agustín hablando de San Lorenzo, dijo:” Como ya os he explicado Lorenzo fue un diácono de la Iglesia romana. En ella administró la sangre sagrada de Cristo, en ella, también, derramó su propia sangre por el nombre de Cristo. Amó a Cristo en su vida, lo imitó en su muerte. También nosotros, hermanos, si amamos de verdad a Cristo, debemos imitarlo. La mejor prueba que podemos dar de nuestro amor es imitar su ejemplo, porque “Cristo padeció por nosotros”, dejándonos un ejemplo para seguir sus huellas. Entendamos, pues, de que modo el cristiano ha de seguir a Cristo, además del derra-mamiento de sangre, además del martirio. “Cristo se rebajó”, esto es cristiano lo que debes tú procurar.” (Sermón 304)
Hay un elemento importante que debemos reflexionar en la vida de Lorenzo.
Es la imagen de hacernos pan: el mártir se ha hecho pan, se ha vuelto como Cristo, porque su vida se ha convertido en don, de donde mana la fuerza de la vida, edifica, alimenta la vida, del mismo modo que el mismo pan nos hace vivir. Su entrega en el cuerpo de Cristo ha vencido al poder de la muerte: el mártir vive y da vida precisamente por su muerte y de esto modo entra en el misterio eucarístico. El mártir es fuente de fe. Y esto lo encontramos en el ejemplo de Lorenzo sobre la parrilla, que es considerado como la imagen de la existencia cristiana: las angustias y las penas de la vida pueden convertirse en ese fuego purificador que lentamente va transformando, de suerte que nuestra vida llegue a ser don para Dios y para los hombres.
ORA Y REFELXIONA: repite a menudo y medita durante el día y vive la Palabra: “A los pobres los tenéis siempre con ustedes.” (Juan 12,8)
ORACION
Señor, tú sabes que con frecuencia ponemos nuestras prioridades sobre el bien de los demás. Enséñanos a servir con alegría, como tú que viniste a servir y no ser servidos y a dar la vida por el rescate de todos. Amén

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