Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



lunes, 20 de agosto de 2007

HOMILIA Y ORACION

Tiempo Ordinario 2007

El gran Maestro

Una mañana, el 18 de abril del 2005 los cardenales de la Iglesia católica se reunieron para ofrecer la misa y orar por la bendición del Señor en su misión de elegir al nuevo Sumo Pontífice. En esta misa habló el Cardenal Ratzinger acerca de la situación en el mundo y la necesidad de un buen y amable maestro. En los tiempos modernos, dijo, ”lo que hemos construido es dictaduras y un relativismo, que no reconoce nada como definitivo y que se mira a sí mismo y los propios deseos como la medida final.” Todos sabemos que él fue electo, y tomando el nombre de Benedicto, se volvió el líder y maestro de la Iglesia.

El joven que se acerca a Jesús tenía una pregunta importante. En realidad es la gran pregunta que todos tenemos que enfrentar ¿qué debo hacer para encontrar la vida? El joven que se acerca a Jesús buscaba un buen líder y buen maestro para su vida. El sabe que tiene que hacer algo de valor pero, ¿qué es? Jesús le da una respuesta clara y sincera: “Guarda los mandamientos.” Haz el bien y aprende a crecer en bondad. Esto es claro, simple y una enseñanza práctica. Sólo cuando el joven expresa que no está satisfecho con él mismo, Jesús lo dirige a cosas más elevadas. Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres.

El Papa Benedicto XVI en su Carta Pastoral “Dios es amor” nos da la misma dirección que el Señor nos da. Dejemos que el amor sea practicado, vivido en nuestras vidas, y con ello el cuidado práctico de los pobres y necesitados.

Hoy comenzamos con la lectura del libro de los Jueces, que narra el establecimiento del pueblo entre las poblaciones de la tierra de Canaán. El pueblo de nómade se vuelve sedentario, tiene que aprender la agricultura, que requiere estabilidad y tiene que acostumbrarse a la red de relaciones con pue-blos desconocidos, que tenían estructuras religiosas y políticas ya conso-lidadas. No era algo fácil, tienen que encontrar su propio espacio, cuidar su identidad mientras viven con pueblos con sus tradiciones, sus cultos y con una constante invitación-tentación a integrarse a su sistema de vida. En ese ambiente debían conservar su identidad de pueblo y transmitir el patrimonio de su historia de pueblo de Dios, algo que de hecho se ha ido apagando.
El libro de los Jueces es la lectura que hace Dios de la historia de Israel. El don de la tierra debe reavivar continuamente la conciencia de la alianza como pueblo de Dios, la fidelidad y pertenencia a Yavé. Pero la realidad es diferente. Después de la generación de los ancianos que sobrevivieron a Josué, surgió otra generación “que no conocía al Señor ni lo que había hecho por Israel” (10) Y con esta expresión se muestra el comportamiento del pueblo de Dios: “Los israelitas ofendieron al Señor con su conducta y dieron culto a los ídolos. Abandonaron al Señor, Dios de sus antepasados” (11) Todo esto tiene sus consecuencias, disgregación, luchas internas, depravación moral y engendra todo tipo de dolor, hasta la pérdida de la libertad y nuevas experiencias dolorosas de esclavitud. Pero en todo eso hay una función educativa, madura la exigencia del cambio de vida y nace la oración de invocación a Dios para que salve al pueblo y la intervención liberadora de Dios que se concreta con el elección y envío de un “juez”, es decir, un liberador, salvador. Y sobre este fondo aparece de nuevo el amor misericordioso de Dios y la fidelidad de Yavé que reconduce a la comunión con Dios, fuente de vida, de bendición y de futuro. El castigo no es solo retribución por el pecado, sino también visitación y relación del amor misericordioso de Dios.

En el evangelio nos muestra el encuentro de Jesús con alguien que busca una vida más elevada y que presiente que le falta algo. El joven sigue la tradición de lo que le han enseñado, la lógica de “las buenas obras…” El problema es que no hay que preguntarse qué se puede hacer de bueno, lo esencial es buscar a aquel que es bueno, Dios, observando los mandamientos y amando al prójimo como a sí mismo (17). Para Jesús la verdadera “entrada en la vida eterna” está en ofrecerle una nueva relación con los otros, para hacerle pasar de sí mismo a la atención a los demás, al prójimo. Ante la pregunta e insistencia del joven: "¿Qué me falta aún?” Jesús le responde ofreciéndole el don del seguimiento de la criatura nueva: “Ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrán un tesoro en los cielos. Luego, ven y sígueme.”

Se trata de la puerta estrecha que conduce a la vida y a entrar en el Reino y participar en la salvación. Jesús habla a la libertad del joven, hay dos indicaciones que comienzan con las palabras “si quieres.” La respuesta va acompañada de un adjetivo doloroso: “Se fue muy triste.” Su tesoro eran las riquezas. ¿Pero no son los bienes un signo de la bendición de Dios? Sí pero para él se han convertido en un ídolo, aunque practique los mandamientos. No es libre por dentro. Da limosna a los pobres pero no comparte con ellos sus bienes y su vida. Lo dijo antes Jesús, en su encuentro con los niños en el camino que lo lleva a Jerusalén “de los que son como ellos es el Reino de los cielos.” (14)

Podemos unir los dos textos. El Deuteronomio (4,6) dice: “Escucha Israel… El pecado de idolatría puede tener muchos rostros, nos separa de Dios y nos divide a unos de otros. Y como consecuencia el hombre y el pueblo caen en la esclavitud. Es posible cumplir los mandamientos y no conocer a Dios ni su designio. Cuando Jesús le muestra el verdadero rostro de Dios, al joven, éste se aleja. El mensaje sigue siendo actual, nos invita a la humildad y vigilancia que, en medio del pecado y dolor, no tiene miedo de elevar la voz sincera al implorar la reconciliación: “Acuérdate, Señor, por amor a tu pueblo…” (Salmo 105)

ORA Y REFELXIONA: repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Allí donde está tu tesoro, estará también tu corazón.” (Mateo 6,21)


ORACION

Señor Dios nuestro, te damos gracias por el don de líderes sabios en tu Iglesia. Bendice al Santo Padre, a los obispos y que siempre podamos beneficiarnos de su enseñanza y santidad. Por Cristo el Señor. Amén

No hay comentarios.: