Vengan a las bodas
En el 40 antes de Cristo Eurípides escribió la historia de Ifigenia en Aulis. En esta historia una joven, Ifigenia ,debe ser sacrificada para aplacar el enojo de una diosa antes de que la flota griega pueda zapar del puerto para atacar Troya. El padre de la joven había cometido la ofensa y tiene que sacrificar a su hija como castigo. Es una situación dramática y parece no haber ninguna salida, pero al final la diosa cambia su actitud y acepta un ciervo en lugar de la joven pero se la lleva al Olimpo, el lugar de los dioses.
La tragedia griega nos recuerda la historia bíblica de Abrahán, a quien Dios le pide que sacrifique a su hijo Isaac. Allí interviene el Señor y para el sacrificio en lugar de Isaac le ofrece un cabro. Pero hay una historia diferente hoy en el caso de Jepté que es un judío y un cananeo al mismo tiempo. La religión de los cananeos era algo cruel y envuelve aplacar a los dioses. Jefté está acostumbrado al poder y la violencia y se siente obligado por su palabra de honor a sacrificar a su hija. Pero esto no es la verdadera religión.
Jesús nos dice hoy que la vida es una invitación de Dios, estamos invitados a aceptar la generosa llamada al banquete de la vida. Y esto exige el renunciar en términos de poder cruel sobre las vidas de los otros, o a erigirnos en jueces sobre la vida destino de los demás. Si aceptamos la invitación de Dios, entonces tenemos que vestirnos de entrañas de misericordia, paciencia y bondad. Dios no exige sangre, ni nosotros, tampoco.
En la primera lectura seguimos viendo como Dios va leyendo la vida del pueblo: “Los israelitas volvieron a ofender a Dios con us conducta y adoraron a Baal y Astarte…” y viene el castigo: “El Señor se encolerizó y los entregó al poder de los filisteos y amonitas… que oprimieron a Israel por dieciocho años…” (100,6-8) Pero del corazón de Israel brota un grito por la liberación (10,15ss)
Dios elige como libertador a Jefté, hijo de una prostituta, convertido en jefe de aventureros luego de ser desheredado y expulsado por los suyos. La lección es sencillo “el Espíritu del Señor se apoderó de Jefté…” (1129, y los amonitas fueron humillados ante los israelitas (33).
El voto de Jefté nos desconcierta, aunque se puede explicar, es algo que contrasta con la prohibición de los sacrificios humanos ordenada por la Ley del Señor, pero nos muestra el largo camino que debe recorrer el pueblo para liberarse de una religiosidad que no respeta la persona humana, ni la relación con Dios, nacida de la alianza del Sinaí. La verdadera religión es lo que dice el salmo responsorial: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas… entonces yo digo: “Aquí estoy”… “para hacer tu voluntad… y llevo tu ley en mis entrañas…”
Entramos en el evangelio de Mateo en una nueva sección justo antes de los acontecimientos de la pasión. Jesús está en el templo, Se dirige a los judíos. Les dirige tres parábolas bien fuertes, la parábola de los dos hijos (21,28-32) la de los viñadores homicidas (21,33-46) y la del banquete de bodas (22,1-14) que es la que hemos leído hoy. Las imágenes que presenta Jesús eran bien conocidas para todo israelita: las bodas y el banquete, con las que se describe el Reino anunciado por los profetas que describen la última y definitiva comunidad de Dios con su pueblo (25,1-12)
A diferencia de Lucas (14,16-24) aquí no se trata de la invitación a una “gran cena” (Lucas 14,16) sino al banquete organizado por el rey para las bodas de su propio hijo. Esto hace más grave e injustificada el rechazo de los invitados que rechazan el plan de Dios. El Antiguo Testamento había prometido la unión nupcial entre Dios y el pueblo (Jeremías, 2,2; 31,3; Ezequiel 16,1-43,59-63) El nombre de “Esposo” es uno de los nombres que Dios se da a sí mismo (Isaías 54,5). La parábola presenta a Jesús como el Esposo prometido (9,15) y pone la gravedad en el comportamiento de los invitados. Los motivos del rechazo son bien mezquinos: mi trabajo es más importante que el banquete. A algunos les fastidia el banquete hasta el punto de insultar y maltratar a los siervos que les llevan la invitación. El enojo del rey y el castigo no detiene el amor por su hijo. La invitación se dirige ahora a invitados insospechados. Jesús indica que la invitación rechazada por su pueblo, se ofrece ahora los paganos. La parábola resulta dura a los judíos que no aceptan la invitación ni la enseñanza de la invitación universal a aceptar la invitación a formar parte del pueblo.
Mateo llama la atención a la comunidad cristiana sobre un punto decisivo: la invitación. Lo muestra diciéndonos que el rey saluda a cada uno y les agradece la aceptación de la invitación, como es costumbre. Pero uno de los invitados nos tiene puesto el traje de boda (11-14). La intervención del rey se muestra severa. Con lo que Mateo nos dice que no basta para entrar en el mundo nuevo y ser discípulo de Cristo, el recibir la invitación externamente, es preciso revestirse por dentro del traje que expresa la novedad de vida: creer, ser fieles, escuchar la voluntad divina y ponerla en práctica, vigilar, realizar las obras de justicia. Esto es lo nos recuerda la antífona del evangelio: “Hagámosle caso al Señor que nos dice: “No endurezcáis el corazón….”
Unamos los dos textos: La acción de Jefté nos dice hasta donde puede llevar los usos y costumbres contrarios a la dignidad de la persona humana y nos puede ayudar a purificar las ideas que nos hacemos de Dios, a sanar nuestra relación con él, lo que es grato a Dios que es amor, es la escucha, el dejarse educar por él, el seguirle, creer, amar al prójimo. Nuestra fuerza es la fidelidad de Dios que cuida de su pueblo y nos invita a ser colaboradores en la obra de la salvación. La persona, sea quien sea, no es nunca un precio que debamos pagar para garantizarnos el conseguir un objetivo.
¿Por qué tiene el hombre miedo a acoger la vida que le ofrece Dios en el Hijo? Porque al ponernos el traje nupcial de Cristo resucitado, se no invita a ir a los caminos, a los trasnportes públicos, a los lugares donde se va apagando el hombre en su dignidad para llamarlo. Se nos invita a anunciar por todas partes el misterio pascual, es decir, al Esposo muerto y resucitado, a todos a fin de celebrar la vida con ellos.
ORA Y REFELIXONA: repite y vive la Palabra hoy: “Dichosos los invitados a las bofas del Cordero…” (Apocalipsis 19,9).
ORACION
Señor, Dios nuestro, tú eres un Dios lleno de compasión y misericordia. Derrama en nosotros tu Espíritu para que aprendamos los caminos de tu corazón. Haz que tratemos a cada persona que encontremos hoy, con honor y bondad; no nos deje caer en la tentación de abusar de nadie y tratarlos como hijos tuyos. Amén.

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