Me gusta dialogar, con mis amigos y con cualquiera, rasgo que heredé de mi madre, quien se hacia encontradiza con todo el que pasara por su camino para dialogar. Ella era de esas personas que gozaba de la conversación.
A todos los llamo “vecino”, porque eso somos en este mundo mientras caminamos por la vida al encuentro de la Vida, donde el diálogo y la convivencia serán eternos. “Conocer las Escrituras es conocer a Jesucristo”, decía San Jerónimo. Y el Concilio Vaticano II nos urge a leer asiduamente las Escrituras. La iglesia lo hace cada día, lee, medita, ora, predica y celebra las Escrituras vivas en la persona de Jesús y en la vida de sus miembros. Esto es lo que les ofrezco, las lecturas que la Iglesia usa cada día y una reflexión y cómo orar con ellas “para adquirir, como dice Pablo, el conocimiento de Jesucristo.” Los invito a caminar, como Jesús con los discípulos de Emaús, para que al final del camino “lo conozcamos al partir el pan".



domingo, 5 de agosto de 2007

HOMILIA Y ORACION

TIEMPO ORDINARIO 2007
Ser ricos ante Dios.

Hoy al reunirnos para celebrar al Señor nos encontramos con una palabra que no es fácil de escuchar. Una cultura que valorar juntar riquezas materiales por encima de todo, probablemente no reciba bien la palabra de Dios para este día. A menudo nos engañamos pensando que mientras más tengamos más felices seremos. En el fondo sabemos que esto sencillamente no es verdad. Por eso se nos pide hoy abertura frente a los desafíos que nos presentan las lecturas de hoy a cada uno de nosotros y a nuestra comunidad de fe.

Nos basta mirar a la así llamada televisión de la realidad, para ver hasta donde llegan nuestros contemporáneos para ser famosos, ricos y ser parte de la imaginación popular. No nos debe sorprender cuando las medios de comunicación nos presentan esta realidad. Y por mirar esos programas o leer las revistas, escuchar a los que moderan programas y los que compran mercancías, tenemos que tomar conciencia de que nosotros somos parte del problema no parte de la solución.

En el evangelio de hoy, Jesús nos dice, lo peligroso que son las riquezas y la avaricia y hasta donde nos pueden hacer llegar. Nuestra propia experiencia nos muestra eso: niños que pelean en los plazas de deportes porque ven que todo “es mío”; las familias que pelean sobre las herencias; amigos que han terminado sus amistades por una pequeña suma de dinero; colegas que ya se hablan porque falló una inversión; miembros de comunidades cristianas que no se hablan o se niegan el saludo y ya no apoyan a la comunidad porque creen que otros miembros son los responsables de las finanzas o que las cosas anden como ellos no quieren; o naciones que van a la guerra por conseguir los que sus vecinos tienen.

Tengamos bien claro. El problema con el dinero no es el que lo tengamos, porque el dinero, la riqueza, la educación y el bienestar que fluyen de allí, todas esas cosas son buenas, pero la pobreza es un mal que Dios quiere erradicar de la faz de la tierra y que aborrece. EL problema es lo que nosotros hacemos con el dinero y lo que el dinero hace de nosotros. Hay cristianos que piensan que porque están bien financieramente, no tienen que tomar la responsabilidad de los pobres del mundo, a los que frecuencia se lo llama vagos, sin ideales, terroristas y no religiosos. Estas imágenes pueden justificar el no dar de lo que nos sobra, pero esto no nos quita la obligación moral que Jesús exige hoy.

De los 6 billones de personas que viven en nuestro mundo, un billón y medio viven con $365 dólares al año. ¿Nos animamos a de decirles “que son vagos, sin ideales, terroristas porque son emigrantes y no religiosos”?

Para ser ricos o permanecer ricos, la mayoría de los pueblos occidentales, las naciones ricas, juegan 10 o 15 por ciento más dinero del que se necesita para dárselo al tercer mundo para el desarrollo, dinero que puede ayudar a desarrollar el mercado con salarios justos, promover oportunidades de trabajo, terminar o prevenir guerras, todas las guerras y crear un mundo de fraternidad, llamémosle democracia o lo que sea.

Cuando nos enfrentamos con la tragedia de la enormidad de la pobreza en el mundo, podemos tentarnos a pensar, que es tan grande, que no se puede hacer nada para solucionarla. Pero olvidamos que todo momento de toma de conciencia y todo acto de bondad hacia un ser humano, sea donde sea, es una victoria del reino de Dios, y por eso es que rezamos para se haga la voluntad de Dios en la tierra. No es que repartamos dinero para solucionar los problemas del mundo. Cualquiera que trabaja en esa dirección sabe que el gran obstáculo en la guerra de la pobreza es la dignidad. La solución no es dinero, es dignidad. Y lo que Jesús nos recuerda hoy es que la dignidad tiene poco que ver con el dinero y las posesiones materiales. Cada vez que nosotros exigimos nuestra dignidad y le damos dignidad a las personas que ni piden por ella, contribuimos al mundo generoso y fraternal que Jesús quiere.

Sólo se nos pide que hagamos hoy y nos enorgullezcamos con el nombre que llevamos, cristianos. Y que tengamos la valentía y la honestidad de ser fieles, responsables con ese nombre, que es nuestro orgullo.

La oración de hoy nos pide que oremos para que sintamos el doble filo del evangelio de hoy que penetra hasta el fondo de nuestro corazón y aceptemos el poder del evangelio de convertir nuestros corazones y nuestras mentes, de dejarnos transforma por eso Palabra que proclamamos hoy. Que encontremos esos desafíos de dar dignidad al pobre, en el compartir nuestras riquezas, pocas o muchas, con todos aquellos que tienen derecho a esa dignidad y a esas posesiones.

Oremos para que nos tratemos todos, respetando la dignidad de cada uno y, seamos los promotores de la dignidad de todos sin excepción.
ORA Y REFELXIONA: repite varias verces hoy y vive la Palabra: "Felices los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos." (Mateo 5,3)

ORACION
Señor Jesús, que nos has llamado a ser discípulos tuyos concédenos reverencia y orgullo por el nombre que llevamos, cristianos, y que nada nos tiente a no vivir según lo que significa ese nombre. Haz que la bondad y la generosidad para con todos sean hoy la manera de proclamar tu Buena Noticia. Amén

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